Nuestro Espejo

Un pequeño reflejo de todo lo que vivo

P01B

No contemplo entonces,

ni imagino, por cierto

crecer lejos de tus alas,

vivir donde no estén tus besos.

Nada más absurdo que la nada misma

y nada más lejano aun que el sinfín de excesos

¿Dónde guardas tantos sueños,

dónde vive cada uno?

JIM

El umbral

Existe en todo pueblo civilizado y que se precie de serlo, un umbral que divide en dos partes desiguales toda ecuación. Algunos ricos a un lado, un sin fin de pobres del otro; gente que sueña y gente que lo hace realidad; quienes ríen, y quienes dan risa, quienes lloran la amarga bronca del no; quienes no han aprendido a llorar.

Existe, además, en todo ser dueño de sus pensamientos y que sienta orgullo de tal condición, un umbral que parte en dos cada idea. El vive al otro lado del no. Son vecinos, se han criado juntos, pero no se conocen, aunque se necesiten el uno al otro para existir.

Si nos detenemos a observar cualquier umbral, sin duda encontraremos una flor a un lado, y una mano, inútilmente extendida, tratando de llegar a ella, del otro. El es y el debería ser. Así ha sido siempre y de momento no nos animamos a derribar ninguna pared.

JIM

Al cerrar los ojos ya no estaré aquí

Será, paradójicamente, el instante más largo de toda su vida. No ha habido momento, por fugaz que fuere, tan definitivo, tan único; tan último. Cada silencio que sucede es, inevitablemente, señal que una ráfaga de disparos está yendo hacia él. Es momento de apretar los dientes cuan fuerte se pueda, de memorizar los ojos de cada ser que ha sabido querer cuando niño y tachar la palabra futuro de su pequeña lista de cosas por vivir.

Por un instante el tiempo elige tomar un respiro. Las agujas se sientan a ver la escena: Su pecho ha sido perforado con la ferocidad que el manual de guerra indica. A sus espaldas un río de sangre; en sus ojos, una gran cantidad de lágrimas que no han llegado a ser lloradas como corresponde.

Existe en ese momento, y no en ningún otro, un instante para plantear una única pregunta y ninguna respuesta. La mayoría usa su carta en un “¿Por qué?”, aunque, cada tanto, un distinto se aventura a gastar su voluntad interrogatoria en un “¿Habrá valido la pena?”.

JIM

Desconcierto

Se encuentra llorando sepa uno qué pena, en uno de los asientos más lejanos del tren nocturno. ¿Cuántas preguntas le ha hecho ya a la luna? ¿Ha recibido, al menos, una respuesta? Tal vez así haya sido, porque firme sigue su camino, lágrimas mediante.

Por un momento detiene el llanto, limpia algún resto de tristeza y mira, cuasi ilusionada, los restos del lugar que pudo y no supo ser: su presente, el mismo que, en este instante, va convirtiéndose en pasado al ritmo que la locomotora empuja el resto del convoy.

Seguramente encuentre un nuevo destino donde llevar el equipaje lleno de sonrisas que horas atrás pensaba no usar más. Tal vez, al bajar en su estación, decida dejar las penas olvidadas en el tren que lleva sus recuerdos. Tal vez.

Las flores del cemento

La ciudad, por donde uno la mire, se ha convertido en un sinfín de cemento. Gris. Sin embargo, tal vez por optimista, tal vez por observador, encuentro flores en cada porción de revoque. Las flores han sido siempre un mensaje ambiguo:  amor, por un lado; velo, por otro.

Si uno se detiene a mirar las paredes de la ciudad, de cualquier ciudad, encontrará promesas de eterna pasión y recuerdos en formas de placas doradas, de gente que ya no es, pero que supo ser; amor por un lado, luto por otro.

JIM

Pedro Aznar – Quebrado

 

“La esperanza es sólo una diferencia, que nunca brilla tanto como cuando tiende a cero”

Alan Pauls | Historia del llanto

Óxido

Cuentan en las calles del pueblo que dejé atrás horas antes, aquellos que más canas peinan, que el invierno ha sido siempre así: amarga mezcla de soledad y silencio que desdibuja sonrisas en los rostros más optimistas. Sin embargo, algo parece haber empeorado desde aquella tarde; no alcanza ya con ser parte del paisaje, con una comida tibia ni un tímido abrazo. De un tiempo a hoy, no hay motivos concretos para sostener un gesto de optimismo por más de un instante. Todo es muy reciente.

De espaldas al campanario de la única iglesia en muchísimos kilómetros a la redonda, cierro los ojos, agudizo mis oídos y siento el susurro de mil voces. Es como si el pasado tuviese la posibilidad de comunicarse con el presente, siendo mi percepción y la falta de sueño el medio para entablar tal conexión.

Sed. Siento mucha sed. Han pasado sólo unos instantes desde que mis ojos se abrieron, desorbitados, buscando y no encontrando respuestas. Aún retumban voces jóvenes en mi cabeza. Escucho gritos desgarradores en medio del silencio. Nunca tuve una experiencia tan precisa…tan…tan intensa.

Dicen que en aquel pueblo, las agujas de cada reloj han decretado la huelga por tiempo indeterminado, que resisten girar y ponerse a tono con el presente, ya que el pasado les resulta más ameno. Todas se han detenido en el mismo momento. Quienes, osados, se han quedado a vivir en el presente perpetuo del antiguo pueblo, dicen que han encontrado la calma de saber que verán pasar una y mil veces las sonrisas de quienes han elegido amar. Quienes huyeron despavoridos tras aquella tarde, no soportan la idea de un mundo sin futuro. Otros, en cambio, han quedado escondidos en las sombras de las callecitas de tierra. Ellos, no comprenden un mundo sin pasado, no les pertenece el presente, y el futuro es algo que no les han convidado.


Incubus | Defiance

Libelo

¿Qué necesita un hombre además de un pedazo de mar y de un barco con el nombre de la amiga y un sedal y un
anzuelo para pescar?
Y mientras está pescando, mientras espera, qué necesita un hombre además de sus manos, una en la caña y la otra en el mentón, que es para poderse perder en el infinito, y una botella de aguardiente para provocar tristeza, y un poco de pensamiento para pensar hasta perderse en el infinito…

Pero el mar está prsionero en las corrientes, y es necesario luchar por él!

¿Qué necesita un hombre además de un pedazo de tierra -un pedazo muy verde de tierra- y una casa, no demasiado grande, blanca, con un huerto y unos cuantos árboles frutales; y un jardín -un jardín es importante- lleno de olorosas flores?

Y mientras lo habita, mientras espera, ¿qué necesita un hombre además de sus manos para cavar la tierra y arrancar unos acordes en la guitarra cuando la noche se convierte en luz lunar, y una botella de whisky para provocar misterio, pues una casa sin misterio no vale la pena habitarla…

-¡Pero la tierra ha sido esclavizada, y es necesario luchar por ella!

¿Qué necesita un hombre además de un amigo que aprecie, un amigo a secas, simple, de esos con los que no es necesario hablar -basta mirar-, uno de esos que sea un poco indigno en la amistad, de un amigo para la paz y para las peleas, un amigo en casa y en el bar?

-¡Pero el amigo ha sido humillado, y es necesario luchar por él!

¿Qué necesita un hombre además de una mujer para amarla, una mujer con dos senos y un vientre, y cierta expresión singular? Y mientras pasa, mientras espera, ¿qué necesita un hombre además del cariño de una mujer cuando la tristeza lo derriba, o el desatino lo carga en su onda sin rumbo?

Sí, qué necesita un hombre además de sus manos y de la mujer, las únicas cosas libres que le quedan para luchar por el mar, por la tierra, por el amigo…

Vinicius de Moraes

Abril, 1950

Lo intensidad de tus abrazos, el calor de tu piel desnuda, tus manos entre mis manos, tus gritos, tus silencios…las ganas de perpetuárlo todo, la pasión de gemir a la par…caricias, placer…
Tu piel transpira, mis labios arden, tus ojos hablan de lugares en donde la paz y la guerra se confunden entre sí alternadamente y sin criterio lógico.
Tu pelo y mis manos juegan el juego de los amanates en llamas; tus piernas entrecruzan las mías y gritan evocando otra vuelta. Es el momento exacto en que vos y yo nos fusionamos en un ser único para compartir entonces el éxtasis natural en su punto más álgido. Exaltados latimos en sincro. Hemos sido uno en un instante…en el instante. Y seremos uno cada vez que nuestras miradas compartan el mismo camino. Hacia allí caminamos entonces, desde entonces. Te acompaño a que seamos felices. Para siempre.

El pianista de los pasillos oscuros

Lejos, muy lejos, desafinaban sobre un viejo, muy viejo piano, las manos más tristes de la ciudad.

Habíamos compartido algunas notas y unos cuantos cigarros algunos años atrás y hoy, como si lo lúgubre de aquel rincón porteño hubiese soldado las agujas contra el paso del tiempo, el panorama era idéntico.

- “Yo soy un artista, eso me hace sucio, pobre y solitario. Pero es lo que elegí ser..”- susurraba quejumbroso ante mi presencia.

Noté que sus manos guardaban más arrugas que entonces y le ofrecí escucharlo.

- “No necesito de tu caridad. Lo que no se siente, no se transmite..” - dijo algo incómodo.

Lo tomé como una verdad indeleble, no quise insistir. Me alejé lentamente, y de fondo sus quejas se transformaron en tango.

Desde entonces no supe más de Fabio, el pianista de los pasillos oscuros. Pero la música tiene ese don exclusivo de vivir por siempre mientras la memoria se esfuerce en que así sea.

JIM

Habían pasado unos meses y seguíamos vagando tras una sonrisa suya. Su encanto y su piel se paseaban con delicadeza de lado a lado y por cada rincón de nuestro pueblo. Nadie se iba de su tiempo sin recordar sus gestos y su canto.

Supe escuchar, cerca del fin de una noche corta, del otro lado de la mesa que ocupaba en el bar de siempre, que existió quien guardaba entre sus recuerdos la voz de la damita. Él, robusto y cómplice de copas, cual batalla ganada con sudor, contaba una y otra vez a cualquiera que pase por la ciudad entre fronteras, que había sido cautivo y preso de su voz en verso alguna tarde de una antigua primavera.

Y ahí asomaban nuevamente sus luces. Firme y dispuesta a hacer de cualquier pasaje amargo un rincón sin penas. Sus destellos iluminaban a quien cruzara su camino y sus encantos conquistaban a cada uno de los corazones solitarios.

Entre muecas y corazonadas, el tiempo se hizo tiempo y abril la encontró en solitario. Dicen quienes la conocieron, que caminaba sin rumbo y sin sueños entre las tardes de otoño y las noches del viento, llevando consigo sus penas y sus brazos cansados. Entre paso y paso, tal vez mira al cielo y éste, cómplice de sus luces, dicen, se tiñe de encanto.

Quienes habitaban el mismo suelo que la damita de la cual les hablo, aseguran que aun hoy cuentan su historia como la moraleja del encanto. De aquella que supo ser quien quiso ser justo cuando se lo había propuesto.

JIM

Autoregalo

Sobre un cajón de ilusiones y manzanas que pudren al resto, posa su pie el padre de la criatura. Afina una y mil veces sus cuerdas y baña de whiskey sus gritos. Tras bambalinas, aturden y embellecen miles de almas que hoy brillan con la misma luz tenue.

Vuelve a su lugar sus trapos, prolíjamente se despeina, escupe grueso y vuelve al ruedo. Mira una y mil veces el cuello de su camisa en la imágen que un pequeño espejo devuelve. Sólo en ese instante y no antes -ni después- se permite la paz.

Elige mirar sus viejas botas de blues, y sonríe al recordar cada cicatriz del cuero. Nadie ha apostado por él cuando entonó sus primeros versos. Vuelve entonces la mirada al cristal y reconoce tras las heridas de los años la sonrisa del pibe que fue décadas atrás. Y se da el placer de escaparse con la memoria a su infancia.

Bajo la sombra de un árbol apenas alto en una plaza boscosa, un grupo de nenas se envidia entre sí. A lo lejos, los gritos de soledad y ahogo que alguien trajo a su casa después de una jornada de vacío opacan cualquier escena con posible final feliz. ‘Uno necesita esconderse sólo cuando lo buscan’, repetía el pibe que supo ser.

Hoy, se esconde tras el pesado telón que lo separa de unos cuantos gritos con su nombre. Siente en medio del pecho la incomodidad del placer que provoca la plenitud. Es entonces cuando su sonrisa y la del niño aquel encuadran en un mismo plano.

Muchos años después del momento inicial de la historia, nadie recuerda su sombra. No hay calles con su nombre ni huellas que le correspondan. Ha pasado el tiempo y barrió prolíjamente cada uno de sus acordes. Sin embargo, en un viejo cuaderno de canciones, alguien guardó sus intentos. Y es por eso que la historia, todas las historias, se repiten y reinventan cada vez que alguien elige soñarlas.

JIM

Lautaro


Levanten las copas, tan alto como puedan. Eleven sus sueños al cielo y sonrían hasta que duela. Ha nacido el más joven de la tribu y por él brindamos. Lleva en sus risas una pequeña gran porción de cada uno de nosotros. Carga el peso de los sueños que no pudimos concretar. Es el primer eslabón de una cadena que empezó a crecer tras nosotros. Tiene los más lindos ojos del reino, porque lleva en ellos el reflejo de nuestras miradas. Nos permite creer que soñar es la llave de un mundo nuevo, el pasaje a lo maravilloso.

Hace exactamente un mes, nació Lautaro, el hijo de uno de mis hermanos elegidos. Lautaro bien podría ser sinónimo de asombro, de maravilloso, de paz. Es el y su llegada quienes me marcaron que, en la línea del tiempo, hay una nueva referencia. Estamos empezando a abrir las puertas a la nueva generación. Y en él, en Lautaro, es donde se resumen infinitas sonrisas que compartimos en los años en que sólo éramos niños.

Hoy, hombres y adultos, nos miramos mientras sonreímos al verlo y notamos que el tiempo nos está ubicando en un nuevo lugar. Un lugar que, por cierto, estaba esperando hace tiempo.

Bienvenido a la familia.

JIM

Lautaro y Nacho

Black power – México 1968

Black Power - México 1978

Black Power - México 1978

La discriminación racial ha sido uno de los grandes problemas que ha tenido la sociedad estadounidense durante el siglo XX. Situación que se fue agudizando con el paso de los años y que motivó el que poco a poco se levantaran las voces contra esa vergüenza. Personajes como Martin Luther King y Malcolm X fueron los nombres más famosos que lucharon por la raza negra en lo que se dio a conocer como el Black Power, un movimiento que perseguía conseguir un status de igualdad con la raza blanca en todo el mundo.

Pero esa lucha se extendió a todos los estamentos y países, y fue en las Olimpiadas de México 68 donde se dio el golpe de efecto definitivo, en un evento televisado para el mundo entero. Aquel golpe de efecto tuvo dos nombres propios: Tommie Smith y John Carlos.

Ambos habían formado parte en los comienzos del Proyecto Olímpico Pro Derechos Humanos en el año 1967. Muchos atletas y deportistas negros famosos formaron parte de él, e incluso llegaron a plantearse como método de protesta el no participar en los Juegos Olímpicos de México 68. Podían ser considerados rebeldes en una sociedad muy racista, y no pocos problemas tuvieron por luchar por sus derechos. Sin embargo, finalmente, decidieron participar, y quizás fuera su rabia, o el afán por demostrar quienes eran, los que convirtieron aquella Olimpiada en los Juegos Olímpicos del Black Power.

Muchos de los records de atletismo de aquel año se han mantenido hasta no hace mucho, y sus actuaciones asombraron al mundo entero. Bob Beamon hizo un salto de longitud prodigioso cuyo récord se ha mantenido hasta no hace demasiado. Fosbury impuso un estilo que asombró a todos en salto de altura, al ser el primero en saltar de espaldas, estilo que hoy perdura. Y en los 400 metros Tommie Smith y John Carlos dieron una exhibición que acabó en el gesto más famoso y con más implicaciones que se haya hecho en ninguna Olimpiada.

Independientemente de la gran carrera que ambos protagonizaron, considerada como una de las mejores de la Historia, el hecho que sorprendió al mundo vino en la entrega de medallas. Al acabar la carrera, entre el público estaba la mujer de Tommie Smith. Hacia ella se acercó el atleta y le entregó dos guantes negros. En los vestuarios, Smith y Carlos se habían puesto de acuerdo para hacer un gesto de reivindicación público que calara en el mundo entero y que expresara el daño que estaba sufriendo la raza negra. Además, al segundo clasificado, el australiano Norman, le pidieron que luciera también el emblema del Black Power.

Cuando llegó el momento de la entrega de medallas, ante las cámaras de televisión, los tres atletas fueron subiendo respectivamente a sus cajones de puestos, con el símbolo del Black Power en sus chándals. El momento culminante llegó cuando iba a comenzar a sonar el himno de Estados Unidos. Tommie Smith se puso un guante negro en la mano derecha; John Carlos se lo puso en la izquierda. Ambos se descalzaron y mostraron al mundo sus calcetines negros, y cuando el himno dio sus primeros compases y durante todo el tiempo que estuvo sonando, ambos subieron sus puños en alto, con la cabeza baja, mostrando la humillación que constantemente sufría en todo el mundo la raza negra.

Fue una fotografía que pasó a la historia por su significado. Un significado que cambió probablemente al mundo, al hacerlo consciente del problema existente. Los tres atletas sacrificaron sus carreras por su dignidad y sus creencias.

Al australiano Peter Norman le prohibieron volver a participar en unos Juegos Olímpicos, y acabó alcoholizado. Pero en cuanto a los dos grandes protagonistas, durante mucho tiempo fueron perseguidos y amenazados de muerte. A ninguno de los dos les volvieron a permitir correr, e incluso la mujer de John Carlos acabó suicidándose por las presiones sufridas.

Sin embargo, ellos plantaron esa semilla que acabó germinando. Fue el 16 de octubre de 1968, y hoy, 40 años después, todos los negros del mundo deben recordar aquel instante en que Tommie Smith y John Carlos fueron capaces de enfrentarse al mundo entero para reivindicar unos derechos que nos pertenecen a todos, seamos de la raza que seamos: el derecho, a la libertad, a la igualdad y a la dignidad.

Monumento dedicado a Smith y Carlos, en San José, California

Monumento dedicado a Smith y Carlos, en San José, California

fuente

La música como fuente de inspiración – 04/03/09


Llueve tanto sobre la ciudad que me vió nacer… Por momentos pienso que nunca ha existido otro clima. Se dibujan un sin fin de imágenes grises. La gente corre, como con miedo al agua. Ellas, tan perfectas y apuradas bajo inmensos paraguas recorren de cabo a rabo los húmedos rincones de mi ciudad. Ellos, eligen similar suerte dentro de esos ridículos pilotos.

Catorce pisos por debajo de mis sentimientos, unos cuantos metros por sobre el centro de la tierra, existe una sociedad que da la espalda y grita, que suelta su ira contra sí, que a gritos exige sin saber por qué, que todo sea distinto y cuando se preguntan qué todo o cuán distinto, no encuentran respuestas; que reclama caos en medio del caos. Fuego contra fuego. El pueblo autoflagelado. Las minorías recluidas como nunca. El resto, a sus anchas. Los normales haciendo lo imposible por ser anormales. Las sonrisas llenas de miserias.

No hay historia que contar cuando la nada misma es el sentimiento que más peso tiene sobre el conjunto final del grupo del que todos formamos parte.

JIM

Canción: Radiohead . 2 + 2 = 5

Sombras

A la vuelta de la esquina más lejana del pueblo más pobre del país más rico, mueve sus caderas la más hermosa de las mujeres feas del lugar. Camina sin paciencia y sin perder el ritmo, y en cada paso cosecha una mirada nueva, de luz propia y sangre cautivante.

Dicen que al otro lado de la tierra, en la más cercana de las plazas ricas de un pueblo pobre como sí solo, camina solo y lento el paisano más viejo del rincón más joven de la zona. El lleva con gracia sus pocos pelos y sus piernas flacas. A cada paso deja un surco, y en cada surco, una nueva sombra con historia propia.

Dicen, también, que sus corazones son mitades inexactas de un corte previo a su llegada a la tierra. A élla le tocó la porción más chica, y a él la que tiene de sobra. Y a cada sol que ella recibe, él baja sus párpados a una noche nueva. Caminan y no se encuentran, y resisten porque se presienten cercanos.

Dicen que todavía caminan entre nosotros. Él se disfraza de pena, y ella se viste de ganas.

Y digo, bendito sea aquel que supo llevar al pueblo la idea del pálpito y la corazonada, porque con esa tinta fresca y sagrada se supo escribir la historia, de la mulata soltera, y el buen vecino solo.

JIM

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