Nuestro Espejo

19.05.09 · Dejar un comentario

Habían pasado unos meses y seguíamos vagando tras una sonrisa suya. Su encanto y su piel se paseaban con delicadeza de lado a lado y por cada rincón de nuestro pueblo. Nadie se iba de su tiempo sin recordar sus gestos y su canto.

Supe escuchar, cerca del fin de una noche corta, del otro lado de la mesa que ocupaba en el bar de siempre, que existió quien guardaba entre sus recuerdos la voz de la damita. Él, robusto y cómplice de copas, cual batalla ganada con sudor, contaba una y otra vez a cualquiera que pase por la ciudad entre fronteras, que había sido cautivo y preso de su voz en verso alguna tarde de una antigua primavera.

Y ahí asomaban nuevamente sus luces. Firme y dispuesta a hacer de cualquier pasaje amargo un rincón sin penas. Sus destellos iluminaban a quien cruzara su camino y sus encantos conquistaban a cada uno de los corazones solitarios.

Entre muecas y corazonadas, el tiempo se hizo tiempo y abril la encontró en solitario. Dicen quienes la conocieron, que caminaba sin rumbo y sin sueños entre las tardes de otoño y las noches del viento, llevando consigo sus penas y sus brazos cansados. Entre paso y paso, tal vez mira al cielo y éste, cómplice de sus luces, dicen, se tiñe de encanto.

Quienes habitaban el mismo suelo que la damita de la cual les hablo, aseguran que aun hoy cuentan su historia como la moraleja del encanto. De aquella que supo ser quien quiso ser justo cuando se lo había propuesto.

JIM

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Autoregalo

23.04.09 · Dejar un comentario

Sobre un cajón de ilusiones y manzanas que pudren al resto, posa su pie el padre de la criatura. Afina una y mil veces sus cuerdas y baña de whiskey sus gritos. Tras bambalinas, aturden y embellecen miles de almas que hoy brillan con la misma luz tenue.

Vuelve a su lugar sus trapos, prolíjamente se despeina, escupe grueso y vuelve al ruedo. Mira una y mil veces el cuello de su camisa en la imágen que un pequeño espejo devuelve. Sólo en ese instante y no antes -ni después- se permite la paz.

Elige mirar sus viejas botas de blues, y sonríe al recordar cada cicatriz del cuero. Nadie ha apostado por él cuando entonó sus primeros versos. Vuelve entonces la mirada al cristal y reconoce tras las heridas de los años la sonrisa del pibe que fue décadas atrás. Y se da el placer de escaparse con la memoria a su infancia.

Bajo la sombra de un árbol apenas alto en una plaza boscosa, un grupo de nenas se envidia entre sí. A lo lejos, los gritos de soledad y ahogo que alguien trajo a su casa después de una jornada de vacío opacan cualquier escena con posible final feliz. ‘Uno necesita esconderse sólo cuando lo buscan’, repetía el pibe que supo ser.

Hoy, se esconde tras el pesado telón que lo separa de unos cuantos gritos con su nombre. Siente en medio del pecho la incomodidad del placer que provoca la plenitud. Es entonces cuando su sonrisa y la del niño aquel encuadran en un mismo plano.

Muchos años después del momento inicial de la historia, nadie recuerda su sombra. No hay calles con su nombre ni huellas que le correspondan. Ha pasado el tiempo y barrió prolíjamente cada uno de sus acordes. Sin embargo, en un viejo cuaderno de canciones, alguien guardó sus intentos. Y es por eso que la historia, todas las historias, se repiten y reinventan cada vez que alguien elige soñarlas.

JIM

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Lautaro

20.03.09 · 3 comentarios

Levanten las copas, tan alto como puedan. Eleven sus sueños al cielo y sonrían hasta que duela. Ha nacido el más joven de la tribu y por él brindamos. Lleva en sus risas una pequeña gran porción de cada uno de nosotros. Carga el peso de los sueños que no pudimos concretar. Es el primer eslabón de una cadena que empezó a crecer tras nosotros. Tiene los más lindos ojos del reino, porque lleva en ellos el reflejo de nuestras miradas. Nos permite creer que soñar es la llave de un mundo nuevo, el pasaje a lo maravilloso.

Hace exactamente un mes, nació Lautaro, el hijo de uno de mis hermanos elegidos. Lautaro bien podría ser sinónimo de asombro, de maravilloso, de paz. Es el y su llegada quienes me marcaron que, en la línea del tiempo, hay una nueva referencia. Estamos empezando a abrir las puertas a la nueva generación. Y en él, en Lautaro, es donde se resumen infinitas sonrisas que compartimos en los años en que sólo éramos niños.

Hoy, hombres y adultos, nos miramos mientras sonreímos al verlo y notamos que el tiempo nos está ubicando en un nuevo lugar. Un lugar que, por cierto, estaba esperando hace tiempo.

Bienvenido a la familia.

JIM

Lautaro y Nacho

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Black power – México 1968

12.03.09 · 2 comentarios

Black Power - México 1978

Black Power - México 1978

La discriminación racial ha sido uno de los grandes problemas que ha tenido la sociedad estadounidense durante el siglo XX. Situación que se fue agudizando con el paso de los años y que motivó el que poco a poco se levantaran las voces contra esa vergüenza. Personajes como Martin Luther King y Malcolm X fueron los nombres más famosos que lucharon por la raza negra en lo que se dio a conocer como el Black Power, un movimiento que perseguía conseguir un status de igualdad con la raza blanca en todo el mundo.

Pero esa lucha se extendió a todos los estamentos y países, y fue en las Olimpiadas de México 68 donde se dio el golpe de efecto definitivo, en un evento televisado para el mundo entero. Aquel golpe de efecto tuvo dos nombres propios: Tommie Smith y John Carlos.

Ambos habían formado parte en los comienzos del Proyecto Olímpico Pro Derechos Humanos en el año 1967. Muchos atletas y deportistas negros famosos formaron parte de él, e incluso llegaron a plantearse como método de protesta el no participar en los Juegos Olímpicos de México 68. Podían ser considerados rebeldes en una sociedad muy racista, y no pocos problemas tuvieron por luchar por sus derechos. Sin embargo, finalmente, decidieron participar, y quizás fuera su rabia, o el afán por demostrar quienes eran, los que convirtieron aquella Olimpiada en los Juegos Olímpicos del Black Power.

Muchos de los records de atletismo de aquel año se han mantenido hasta no hace mucho, y sus actuaciones asombraron al mundo entero. Bob Beamon hizo un salto de longitud prodigioso cuyo récord se ha mantenido hasta no hace demasiado. Fosbury impuso un estilo que asombró a todos en salto de altura, al ser el primero en saltar de espaldas, estilo que hoy perdura. Y en los 400 metros Tommie Smith y John Carlos dieron una exhibición que acabó en el gesto más famoso y con más implicaciones que se haya hecho en ninguna Olimpiada.

Independientemente de la gran carrera que ambos protagonizaron, considerada como una de las mejores de la Historia, el hecho que sorprendió al mundo vino en la entrega de medallas. Al acabar la carrera, entre el público estaba la mujer de Tommie Smith. Hacia ella se acercó el atleta y le entregó dos guantes negros. En los vestuarios, Smith y Carlos se habían puesto de acuerdo para hacer un gesto de reivindicación público que calara en el mundo entero y que expresara el daño que estaba sufriendo la raza negra. Además, al segundo clasificado, el australiano Norman, le pidieron que luciera también el emblema del Black Power.

Cuando llegó el momento de la entrega de medallas, ante las cámaras de televisión, los tres atletas fueron subiendo respectivamente a sus cajones de puestos, con el símbolo del Black Power en sus chándals. El momento culminante llegó cuando iba a comenzar a sonar el himno de Estados Unidos. Tommie Smith se puso un guante negro en la mano derecha; John Carlos se lo puso en la izquierda. Ambos se descalzaron y mostraron al mundo sus calcetines negros, y cuando el himno dio sus primeros compases y durante todo el tiempo que estuvo sonando, ambos subieron sus puños en alto, con la cabeza baja, mostrando la humillación que constantemente sufría en todo el mundo la raza negra.

Fue una fotografía que pasó a la historia por su significado. Un significado que cambió probablemente al mundo, al hacerlo consciente del problema existente. Los tres atletas sacrificaron sus carreras por su dignidad y sus creencias.

Al australiano Peter Norman le prohibieron volver a participar en unos Juegos Olímpicos, y acabó alcoholizado. Pero en cuanto a los dos grandes protagonistas, durante mucho tiempo fueron perseguidos y amenazados de muerte. A ninguno de los dos les volvieron a permitir correr, e incluso la mujer de John Carlos acabó suicidándose por las presiones sufridas.

Sin embargo, ellos plantaron esa semilla que acabó germinando. Fue el 16 de octubre de 1968, y hoy, 40 años después, todos los negros del mundo deben recordar aquel instante en que Tommie Smith y John Carlos fueron capaces de enfrentarse al mundo entero para reivindicar unos derechos que nos pertenecen a todos, seamos de la raza que seamos: el derecho, a la libertad, a la igualdad y a la dignidad.

Monumento dedicado a Smith y Carlos, en San José, California

Monumento dedicado a Smith y Carlos, en San José, California

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La música como fuente de inspiración – 04/03/09

4.03.09 · 3 comentarios

Llueve tanto sobre la ciudad que me vió nacer… Por momentos pienso que nunca ha existido otro clima. Se dibujan un sin fin de imágenes grises. La gente corre, como con miedo al agua. Ellas, tan perfectas y apuradas bajo inmensos paraguas recorren de cabo a rabo los húmedos rincones de mi ciudad. Ellos, eligen similar suerte dentro de esos ridículos pilotos.

Catorce pisos por debajo de mis sentimientos, unos cuantos metros por sobre el centro de la tierra, existe una sociedad que da la espalda y grita, que suelta su ira contra sí, que a gritos exige sin saber por qué, que todo sea distinto y cuando se preguntan qué todo o cuán distinto, no encuentran respuestas; que reclama caos en medio del caos. Fuego contra fuego. El pueblo autoflagelado. Las minorías recluidas como nunca. El resto, a sus anchas. Los normales haciendo lo imposible por ser anormales. Las sonrisas llenas de miserias.

No hay historia que contar cuando la nada misma es el sentimiento que más peso tiene sobre el conjunto final del grupo del que todos formamos parte.

JIM

Canción: Radiohead . 2 + 2 = 5

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  • Discos escenciales