Supo, quizás un tiempo antes, que no sería el modo de actuar la fuente de satisfacción, sino el acto en sí. Eligió el camino corto y caminó hasta perderse entre la nada y el horizonte. Lo vimos dejar huellas frente a nosotros, con esa mezcla ingrata que sólo se da entre tristeza e ilusión, y sin más preámbulos, partió.
Llevaba ropa vieja y una valija antiquísima. Beso mi frente encorvando su cuerpo, me miró y sugirió:
“Se feliz. No tiéntes a que la vida te excluya de tu gente. Se paciente. No juzgues a los que no caminen de tu lado. Se intenso. Lo importante no es el tiempo, sino qué hagas con él”
Habías tenido la sutileza de convertirte en una mujer admirable hace tiempo. Hoy, además, le ponés títulos formales a los que ya traés con vos, desde siempre. Sos un ejemplo.
Me acuerdo -mucho- cuando hablamos, después de algunos años sin saber cómo habían sido nuestras primaveras…y sin embargo, y pese a todo, ahí estabas, siendo fuerte en el momento en que debías ser fuerte. Tenés un espíritu envidiable, en el mejor de los sentidos. Sos una de las personas más lindas que conocí en mis últimos 10 años, y no es poco lo que digo.
¿Te acordás? Éramos ambos menores…no sabíamos de qué trataba la vida -bueno, quizás hoy tampoco- y de repente, como si nada, das el gran paso y te recibís… Si supieras las ganas que tengo de darte un abrazo…
Licenciada, te pienso y me sonrío. Me hace bien saber que sos feliz. Porque cada tanto la felicidad tiene que estar del lado de quien lo merece. Y no tengo duda alguna que sos esa clase de gente.
“Cuando se es joven se venera o se desprecia indiscriminadamente, sin tomar el concepto de valor del matiz, que es el mejor beneficio de la nada. Pagar un alto precio por no haber sabido oponerse a los hombres y a las cosas más que con un sí y un no, se considera justo; todo está dispuesto en el mundo para que el peor de los gustos, el gusto de lo absoluto, sea cruelmente burlado y escarnecido. La inclinación a la cólera o a la veneración, propia de la juventud, no parece darse reposo hasta despuès de haber desfigurado las cosas y los hombres, lo cual les sirve de desahogo. La juventud tiene, por naturaleza, una inclinación a falsear y a engañar. Cuando el alma joven, torturda torturada por mil desiluciones, se vuelca al fin llena de sospechas contra ella misma, se desgarra con impaciencia ardiente y violenta, y en sus remordimientos se venga de su larga ceguera, como si esta hubiese sido voluntaria. En esta edad de transición, se castiga uno a si mismo, desconfía de su propio sentimiento; se inflige a su entusiasmoel tormento de la duda; la buena conciencia aparece como un peligro, como un velo y, ante todo, se toma partido, pero a fondo, contra la juventud: ¡Diez años más tarde nos percatamos de que todo aquello era también…juventud!”
yer aproveché el feriado para ver un DVD que tenía hace unos días dando vueltas en casa. Hablo de The bucket list (2007, acá se llamó Antes de partir), película que muestra a Morgan Freemany a Jack Nicholson en un drama interesante, emotivo, de esos que me hacen reflexionar.
Edward Cole (Nicholson) y Carter Chambers (Freeman), están transitando sus últimos meses de vida. El cáncer está ocupándose de que esto suceda. Y en lugar de esperar la muerte como hemos aprendido, postrados en una cama, deciden cumplir con una lista de tareas pendientes en la vida, aprovechando el tiempo que les queda.
Paracaidísmo, carreras de autos, viajes increíbles, y una amistad que surge de compartir el camino a la muerte: ‘Estamos en el mismo barco’, dice Cole.
Yo les recomiendo que la vean, les dejo el trailer, después hablamos al respecto.
¿Cómo es que todo ha cambiado tanto? ¿Cómo tan pronto y por responsabilidad o culpa de quién? ¿Cual es el punto en el cual el viento ha comenzado a soplar distinto? ¿Cuándo dejamos de ser seres que se desarrollan socialmente para, símplemente, coexistir?
Todo se ha vuelto tan veritiginósamente cambiante en los últimos años que es normal sentirse ajeno. Los buenos modales, resultan ser un objeto de culto; las costumbres, un recuerdo; los valores, un modo de vivir la vida que, ya no existe. En que momento la nada se ha hecho cargo del todo?
Es increíble ver como el ser humano corre en busca de respuestas. Ambiciósamente, elige, exige y prefiere, ser o tener todo. No deja nada librado al azar. Es su balanza intelectual. El todo a un lado; la nada, al otro. Sin embargo, ¿Qué es todo? ¿Qué es nada?
Mis ideas me ayudan a decir que nada es absoluto; siquiera el todo. Y que todo es un absurdo; aunque no signifique nada.
Lo único que puede totalizarse, es la vida: Uno es todo cuando es. Y, por contraste, no es nada, cuando deja de ser. Entonces, pregunto. ¿Sabiendo que el todo es una acción que va ligada sólo a la posesión de la vida y la nada es, jústamente, no tener ese tan preciado regalo de la humanidad, qué pretendemos cuando imploramos un todo o la nada?
Quiero amarte todo lo que pueda; no quiero extañarte nada. Nada me hace vulnerable si estás conmigo. Todo puede ser mejor si te quedas esta noche.
Todo…nada…¿Qué más da? Son valores subjetivos sobre los cuales la humanidad ha ido diagramando su forma de ver las cosas. Sin haber dado cuenta del pequeño e importante detalle que resulta tener presente, siempre, que jamás tendremos todo de alguien, ya que para que eso suceda, necesitamos que la otra persona, no tenga nada. Y la ecucación se vuelve molesta.
Hace tiempo que no rompía las cadenas con tanta fuerza, que no gritaba por la libertad de mi libertad con tantas ansias; que no me mostraba con tanta vehemencia a la sociedad a la cual pertenezco. Pero hoy, como hace tiempo que no, he elegido querer como quiero, ser como siento y crecer como puedo. Buscando, quizás, una buena tajada del todo que me toca vivir, para que la nada no sea tan insulsa cuando llegue.
Se fue uno de los tipos que más me hizo reír. Quizás uno de los primeros que me mostró que la ironía, bien usada, es un buen modo de defensa. Lo bueno es que uno lo va a recordar con una sonrisa. Siempre.
Si sólo supiera cuánto y cómo valoro cada una de sus palabras, quizás, sentiría ser importante. Al menos para mi. Aunque sospecho lo sabe, o lo intuye, o ambas. Si sólo pudiera imaginarme tejiendo el destino, años atrás, cuán hábil debí haber sido para llegar a encontrarla.
Hoy pisa con dudas y anhelos la tierra del dos. De lo desconocido y lo nuevo, de todo
aquello que algún día también fue mio y hoy veo casi lejos. Hoy llega con ansias y urgencia a ser quien debía ser cuando niña, luchando por mantener intactos sus sueños.
Es su cumpleaños. Y es una de esas personas que quiero llevarme a la otra vida. O a la otra muerte. O donde sea que vayamos.
Los esporádicos momentos de paz no se miden ni se vuelven viejos. Conviven con nosotros por el resto de nuestros sueños. En tanto, cada mal trago queda sujeto a revisión de uno mismo.
Esa tarde sonreímos a la par e imaginé sus ojos hoy, mucho tiempo después. Pregunto entonces, ¿qué es la buena fortuna sino su mirada? ¿Acaso no esperamos la comprensión, compasión y complicidad del mundo que deseamos?
A todos los que se tomaron el tiempo de leer qué pasa por mi cabeza.
A mi familia: Por mostrarme los dos caminos (y dejarme elegir cual tomar)
A mis amigos: Por ser exáctamente como son. Male, Diego, Fernando, Gastón, Mariano y Pablo. Los valoro mucho.
A ustedes, quienes me leen: Porque siempre están. Gracias de corazón. En especial, a Carlita, Gime, Mariela, Cin, Sofi, Rena, Juancho, Pam, Pablo, Mariano, Dani, Maru , Lula , Luján y Pity. Sólo puedo decirles -nuevamente-, Gracias!
Un agradecimiento especial a Max, por el hosting.
Sugerencias
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