La cultura del trabajo y sus contingencias

por Nacho Merlo

La cultura del trabajo y sus contingencias:
Para aquellos que estamos acostumbrados a despertarnos a la misma hora que el día, nos es habitual encontrarnos cada día con el sacrificio y los beneficios que traen desarrollarnos en una actividad, así también como las frustraciones que esto trae consigo. Como ejemplo, voy a hacer referencia a mi propia historia de vida. Mientras dejaba atrás mi niñes y adolescencia (sigo dejandolá atras), cada día pasaba por mis sueños un nuevo imaginario. Por muchos momentos me sentí el cirujano que salva vidas, o, cuando no, el periodista que gritaba los goles de mi equipo, o aquel científico que se daba con la fórumula contra el VIH. Otras veces, sin embargo, solo me sentía un chico más, luchando para conseguir ese título, que es tan importante para mi, que es el que obtuve y me describe como “Merlo, Jorge: Técnico Mecánico”. Fueron seis años largos, cargados de emociones y vaivenes que no tenía ganas de vivir, pero, así y todo, “La vida siempre te dá dos opciones: Vivirla o no”* Como yo decidí, como siempre lo hice, afrontar las consecuencias de mis decisiones, fui por más. No solo terminé mis estudios sino que aspire a ser… Abogado. Duro menos mi paso por la facultad que lo que había durado mi sueño. Conclusión un año, en lo que a estudio se refiere, perdido. Al año siguiente venía otro paso, otra etapa.. Ingeniería Industrial! No soporte el training, no me gustó no se, no era para mí. Pero, por forma de ser, opte por seguir mis propios consejos “Te vas a dar la cabeza contra la pared hasta que rompas la pared o te rompas la cabeza”* Y así fue, me rompí la cabeza, no sabía donde estaba parado realmente, necesitaba de un empujón emocional, de algo o alguien que me guiara. En el medio de todo este conjunto de problemas, mi vida conoció el amor. Era ella quien esperé por años. Nunca me voy a olvidar de la primera vez que la vi. Ahí estaba ella, no me miraba, yo si. Tiempo después besé sus labios por vez primera y, aún hoy me pasa que cada día me enamoro un poquito más. Ella, sin dudas tuvo mucho que ver en lo que sería mi futuro a corto plazo. Me inscribí en la Universidad de Ciencias Económicas, mi próximo destino era ser Contador…. (nunca en mi vida había visto contabilidad o algo que se le pareciere) y mi mayor temor se fundaba en las malas experiencias previas. En ese momento me encontraba desdichadamente sin trabajo. Así fue todo, empecé a estudiar y las cosas me fueron saliendo bien, eso siempre nos mima el ego. Con el estudio y sacrificio llegó el trabajo. Me encontra de golpe ocupando un lugar importante (para mí) en un banco importante. Sin pensarlo, de repente había pasado de ser, el pibe que torneaba piezas en el colegio industrial y se pagaba sus vicios trabajando en un laboratorio fotográfico, o como proyectista en una casa de equipamientos gastronómicos a ser… Un futuro Contador Público que trabaja en un Banco Privado de renombre. La satisfacción no tenía fronteras. El amor de mi amor, el placer del trabajo, los frutos de la facultad iban de la mano. En definitiva, todo esto, hace referencia, o quiere hacerlo, a que en la vida, podemos tropezar un millón de veces, lo lindo es no tropezarse siempre con la misma piedra. La cultura del trabajo es esa que nos hace despertarnos sin ganas por la mañana, pero que, recíprocamente, nos llena de ganas de seguir por siempre ahí, trabajando, luchando por que el futuro sea, al menos para los que vendrán, un poco menos aspero. Yo pienso que si todos respetaramos un poco las pautas que, sin estar escritas en ningún lado, tiene la cultura del trabajo, le dariamos esa mano que necesita el país para asomar un poco la cabeza. No todo está en nuestras manos ni todo es culpa nuestra, pero, si podemos hacer algo… por que no?

JIM

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