Como combatir la ansiedad (Y no sentir ansiedad por ello)

por Nacho Merlo

Me acuerdo que simplemente me canse de sentirme mal. Me dije “Basta”. Me resigne a que, si algún día iba a morir, quería que sea de otra forma y no por un ataque de ansiedad. Acepté morir. Acepte, pese a que me costó mucho, que la vida tiene su fin. Y la mia no iba a ser la excepción. Fue el 26 de Febrero. Ese día en mi vida significa mucho. Un 26 de Febrero, allá por 1987, me partí el femur en dos. Era chiquito. Estuve mas de dos meses internado. Quince días enyesado. Poco más de cuatro meses para poder pararme. Unos 6 meses hasta caminar con “normalidad”. Sin dudas, ese 26 de febrero me marcó. Este 26 de Febrero que cuento, desperte aceptando que algún día no despertaría. Lo asumí y me comporte. Recuerdo mi imagen llorando, triste, mal… todo por no darme tiempo para pensar en mi persona. Vivía, todo el tiempo, para todo el mundo. Eran pocos los momentos que compartía conmigo. Sentía que debía rendir examen todo el tiempo, ante todo el mundo. Me agobiaba. Me encerraba. Sin dudas, era un sin fin de problemas. Nunca pensé que esa decisión tan simple y compleja al mismo tiempo, me iba a abrir las puertas de la vida, aunque suene paradójico. Había llegado a ese punto en un estado crítico, al menos para lo que estoy acostumbrado. Comencé calmando mis ataques de panico (el famoso panic attack) con ansiolìticos. Media pildora de vez en cuando. No era mucho… no era nada. En un momento, a mediados de 2004, llegué al pico de consumir cuatro píldoras diarias. Eso habrá sido por un més y fracción aproximadamente. Recuerdo la frustración que sentia conmigo mismo. No me quería ni respetaba.
Así fue como yo salí. Cambie el miedo a vivir por vivir simplemente. Cambie el miedo a morir por morir simplemente. Acepté que, por mucho que me quiera, tanto yo, como todos los que están leyendo esto, algún día formaremos parte del pasado. La idea no es vivir pensando en morir, sino morir luego de haber vivido. Ahora, me pregunto, ¿A dónde nos lleva el camino? No lo sé. Lo único que sé en concreto, es que ya no le tengo miedo.

JIM

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