Exijo no ser autoexigente

por Nacho Merlo

He llegado a la conclusión de que todas las cosas que nos frenan a ejecutar la acción que fuere, sufren siempre de algún tipo de traba o impedimento. La mayor parte de las veces, esa traba somo nosotros mismos. Suele ocurrir, muy a menudo por cierto, que nos negamos a aceptar que tal o cual cosa no podemos hacerla porque el límite lo ponemos nosotros. En esos casos, le damos la culpa a cualquier cosa. Sin embargo, generalmente es así: “No me animo a encarar tal proyecto por miedo a fracasar”: Lo más problable es que no conozcas el fracaso, dado que, si así fuere, ni siquiera pasaría por tu cabeza la idea remota de imaginarte el proyecto. Siendo más claro, eso intento, podría decir, no me animo a caminar desnudo por la calle, ya que es horrible que todo el mundo te mire y te señale. A esto podría decir que, nunca caminaste desnudo, lo que tenés es pudor de vos mismo, no de como reaccionara el resto. El problema no pasa por ellos. Es una relación de causa y efecto con vos mismo. Tu pudor te impide caminar desnudo por la calle. La gente no. Pero, todos sabemos que, salvo excepciones claro está, en la vida no nos irá demasiado en bien caminando desnudos por la calle. De igual modo, nos irá demasiado bien estando “desnudos” frente a todo. Por eso, siempre tenemos que tener recursos para defendernos de las situaciones que, en primer instancia, se tornan cuesta arriba. Pero, principalmente, esos recursos de defensa, debemos aplicarlo con nosotros mismos y no con nuestros pares. ¿De qué nos sirve saber golpear al otro si no sabemos defender nuestros propios golpes, pese a que sabemos donde van dirigidos? ¿No será que el daño más grande nos lo hacemos nosotros mismos? Así sucede en muchos ordenes de la vida. Una persona a la cual apreciamos tiene, sin dudas, mucha menor probabilidad de que la mandemos a la mierda que un ser de nuestro grupo íntimo. Si yo te conozco hoy y te digo “Me parecés un inutil” lo más probable es que no me hablés nunca más. Si yo soy tu hijo y te digo “Me pareces un inutil” sabremos que, en un momento u otro, la situación estará bien. Es así, nuestros seres más cercanos estuvieron, están y estarán siempre a nuestro lado. El resto…está en duda. Por eso, planteo: Si tenemos la seguridad de maltratar o difamar a quien fuere por el simple hecho que “siempre estará”, por qué no fijarnos, aunque mal no sea un instante, si podemos tratarnos a nosotros mismos como si nos conocieremos poco. Ir descubriendonos cada día. Esto no se trata de pescar. Si voy de pezca, una vez que el pez mordió el anzuelo ya está. No hay otra. En la vida es bastante diferente, el anzuelo no lo terminamos de morder nunca, necesitamos alimentar todo el tiempo nuestros sentimientos. De lo contrario, nos frustraremos. Es como el conejo que corre con una zanahoria atada en su frente. Cuanto más lejos esté la zanahoria, más costará llegar a ella. Entonces, deberíamos probar de situar objetivos intermedios. ¿A qué me refiero? Si mi ideal en la vida es llegar a viejo y tener muchos hijos y nietos, primero debería empezar por madurar. Luego encontrar mi mitad. Luego tener mi primer hijo y así. En cambio, si no paso por todos los estadíos previos, solo me reconfortará llegar al objetivo final. Pero, ¿si no llego? ¿Todo fue en vano? Desde luego que no.
Sin dudas, y analizando un poco todo lo que vive mi vida, puedo decir que autoexigirse no es más que tirar cada vez mas fuerte de una misma soga. Sin dudas, algún día se cortara. La idea es que dure un tiempo más.

JIM

Anuncios