Elecciones

por Nacho Merlo

Con tu última dosis de alegría, decidiste emprender tu camino. Sin dudas y a paso firme, caminaste por el rumbo que vos mismo marcabas. Sentías la ausencia de libertad en tus lugares. Tu silencio era cómplice de tus angustias. Tus angustias, culpables de tus silencios. Sentiste que nada podría cambiar lo que la vida te cambió a vos. Te negaste a quererte y pagaste por ello. La ausencia de voluntad recae en la intermitente presencia del fracaso. Cargaste tu cuerpo sobre tu alma e intentaste vivir. No pensaste cómo. Sólo lo hiciste. Y valió la pena. Como todo lo que hacés, cada acto tiene su connotación, su propósito, su fin. Este, no es ni será la excepción. Todo paso que des en la vida lleva consigo –indefectiblemente– evitar otros caminos. Quién da un paso al norte, cierra la posibilidad de dar un paso al sur. Fue, es, y será siempre así. En la vida uno se encuentra con caminos. No existen buenos o malos. Son sólo caminos distintos. A fin de cuenta, ¿dónde está el límite entre lo bueno y lo malo? Sería entrar en una cuestión filosófica, pero creo que, cada uno de nosotros, sabe donde detenerse y evaluar la posibilidad de encarar otro camino. No sé por dónde transito hoy. Se que es el camino que elegí. Y eso, siempre, es bueno. Quizás, el tiempo me muestre que debí tomar otros caminos. Mas cortos, más faciles…pero, ninguno de ellos, tendrá el valor que le doy, hoy, a mi propio camino al destino.

“Quiero ser parte responsable de mi paso por la vida. Quiero ser determinante en ello. No siempre acierto en mis decisiones. No muchas veces me equivoco. Solo necesito seguir mis impulsos.”

JIM

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