Un montón de preguntas sin respuesta…

por Nacho Merlo

“¿Qué distancia existe entre la felicidad y la nada? ¿En qué unidad se miden los sentimientos? ¿Qué tiempo dura vivo un recuerdo? ¿Cuánto se puede querer? ¿Cuánto hace falta para querer y sentirse querido?”

Todos estos sentimientos abstractos, o, mejor dicho, intangibles, se cruzaron por mi cabeza en ese momento que hablé con vos. Me reformulé esa pregunta que hice tantas veces: “¿Por qué la vida se ensaña tanto en demostrarnos el valor que tiene, justamente, vivir?” Pasa seguido. Duele. ¿Será que insiste de esa forma hasta que aprendamos que esto es un instante? Recuerdo haber dicho anoche que esto, la vida, es como “una gran bolsa llena de cosas, en la que metés la mano y a veces tenes suerte, a veces no, pero sacás cualquier cosa de ahí”. Me pasa. Nos pasa. Todo el tiempo creemos conocer qué sigue. Muchas veces caminamos tranquilos, como si el mundo, este espacio mágicamente extraño que compartimos nos perteneciere. ¿Qué distancia existe entre la felicidad y la nada? No podemos –no puedo, al menos– encontrar límites que acoten un sentimiento. El que fuera. No se es más ni menos feliz. No se quiere mucho o poco. Se es feliz o no. Se quiere o no. Es así. Los grises no conducen a ningún camino, no a los que me gustan al menos. ¿Qué necesidad de recibir un golpe para reaccionar? No se ni porqué ni cómo, pero la vida se encarga de mostrarte todo, todo el tiempo. Algunos lo miran, pero pocos lo ven. Se aprende de los errores. Sí. Pero, ¿tan caro resulta el precio? ¿Por qué?

No soy de formular ni formularme muchas preguntas cuando escribo, pero las dudas constantes, generalmente, me dejan ayuno de respuesta.

Cerraste los ojos y soñaste despertar a su lado. Con vos no hay nadie solo un recuerdo. Los recuerdos tienen la particularidad de durar por siempre, mientras quieras, estarán en vos. Tomá las cosas como aprendizaje. Aprendamos a vivir.

JIM

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