Lo que me quedó de anoche…

por Nacho Merlo

Pasa a menudo encontrar un quiebre –el que fuere– en la relación emisor-receptor. A menudo, se da porque quien emite el mensaje es poco claro y/o porque quien lo recibe, lo interpreta en forma difusa. Es un poco más irónico –e incómodo si se quiere– interpretar doble discurso cuando se dirigen a nosotros. Los medios masivos de comunicación, los integrantes de una sociedad, quienes están a nuestro lado. Todos, de algún modo, utilizan un mensaje llamémoslo escondido en muchas circunstancias. A nivel social, podemos observar que la gran mayoría de la gente se extralimita a ver, creer e interpretar, lo que el resto impone y, de ahí en más, tomar esa idea como válida, como si se tratase de un postulado con fuentes empíricas. Todos, sin dudas, nos limitamos o nos fijamos barreras a la hora de manifestar nuestras propias convicciones. A diferencia de lo que pasa en el mundo –que puede ser relatado como el interlocutor quiera– las cosas que vivimos a menudo, día a día, tienen un carácter de validez pura. Si yo digo, por ejemplo, “Soy feliz” eso se vuelve irrefutable. Es un sentimiento que nace de mi, que genero yo y que no necesito hacer creer a nadie.
Me pasa muchas veces que a la hora de manifestar mis sentimientos, los lindos, los feos…los sentimientos en fin, me sitúo en una incómoda posición, que no me deja ser quien soy o quien conozco yo. Inseguridad personal, exceso de miedo al fracaso, miedo a un “No” como respuesta. Miedo. Miedo al miedo. Por momentos he olvidado que, como dijiste, tengo un “universo interior desarrolladísimo, complejo y hermoso”. Es triste no poder luchar contra ello. Duele. Mucho.
Tuve la suerte de cruzar mi mirada con la tuya una vez más anoche y volviste a impactarme. Tus palabras se hacían paradigmas, tus miradas, acompañaban las mías y en un cúmulo de momentos lindos note que se qué es lo que quiero, se porqué no lo hago, pero, por sobre todo, te debo el abrazo que antecede las gracias, por haber dedicado una porción de tu mirada en mis sentimientos, por resaltarme que estoy vivo y que recae en mi saber qué debo y qué no debo hacer. Gracias por permitirme conocerte. De a poco. Pero conocerte al fin.

“Senti que la oscuridad rodeaba todos mis espacios. Presentí que caminaba de la mano de la soledad y lo haría por siempre. Mis miedos estaban ahí, donde siempre. Pero cada día me asustaban más. Por una de esas razones locas que tienen la vida, me hiciste sentir que tengo armas para luchar contra ello. Y por ello voy.
Más convencido que nunca de querer ser yo, salgo a luchar por mi causa, llevo las armas de siempre, cargo con miedos nuevos. Tengo el placer de quererme, sufro el dolor de dolerme. Siento que ayer no fue en vano, porque hoy, ya es distinto. Ayer posabas tu mirada en la mía y me hacías sentir especial. Hoy me dedique a recordar ese momento, para que mañana, las cosas empiecen a ser mejores…mas lindas, mas naturales…como soy yo.”

 

JIM

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