Increíblemente feliz

por Nacho Merlo

Sin buscarlo –o, quizás, buscándolo, pero sin esperanzas– me sentí feliz. El tiempo cura las heridas, dicen y, en mi caso, no fue la excepción. Se que –quizás– tengo una particular forma de llevar un duelo. Aquellos que me conocen lo saben. Aquellos que no, lo saben ahora. Los duelos, en mi vida, siempre fueron un proceso largo y, tienen la particularidad, de finalizar inesperadamente. En el momento menos pensado, en la situación menos cotidiana, en momentos como esos, mis duelos concluyen y, de esta forma, me dan la posibilidad de volver a mirar el horizonte.

“Sentirte ajena me hizo ver las cosas con mayor claridad. Verte sin la necesidad de tenerte marcó mi día y, sin dudas, mi vida. Dediqué mis más profundos sentimientos al intento de olvidarte. Lloré mis penas imaginando tus ojos. El tiempo se encargó de mostrarme el camino. Puedo concluir aseverando que, hacía tiempo, no me sentía así. Feliz.”
“Estoy donde quise estar cuando dejé de estar donde quería”

JIM

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