Breve historia de un reencuentro

por Nacho Merlo

“Hola” dijo él. Y ella sólo respondió con un gesto, mezcla de asombro y timidez. En ese momento se conocieron. Y todo creció.

Él es uno más. Ella también. Pero entre ellos, ninguno representa sólo uno más para el otro. Se han planteado, tal como si fuese un objetivo de su vida, conocerse hasta en los mínimos detalles. Mimetizaron sus gustos y eligieron caminos comunes. La independencia propia, paso a un segundo plano. Conformaban entre sí una única persona. Con gestos suyos. Con risas suyas. Quejas comunes. Sonrisas cómplices. Cada uno pensaba por el otro. Sin embargo, ninguno se dió lugar a pensar en si mismo. Las penas de él, eran resueltas por ella. Las alegrías de ella, estaban sustentadas en logros de él. Poco a poco, y sin darse cuenta, cada uno empezó a mutar su personalidad. Intercambiaron sus gustos y, al poco tiempo dejaron de atraerse. Claro, a él no le gustaba ella, porque no la conocía. Ella se había convertido en un espejo suyo. Ella ya no reparaba en él. Las razones eran las mismas. El comenzó a sentirse ajeno a ella. Ella ya no lo sentía parte de sus sueños.

Un día, ella despertó convencida de lo que sucedía. Él también.

“Chau” dijo ella. Él respondió con un gesto, mezcla de asombro y timidez. En ese momento se desconocieron. Y todo creció.

JIM

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