El tiempo ha llegado hasta aquí

por Nacho Merlo

Han pasado unos meses y veinticinco años y, si bien –estimo- el camino sigue, de algún modo no previsto –ya que generalmente no estructuro todo lo que hago– he llegado a un estado del cual disfruto. Puedo volver la vista atrás sin culpas; puedo mirar hacia delante sin miedo y, por sobre todo, sé dónde estoy parado hoy.

Son muchos los momentos en que cruzo proyectos con frustraciones y no saco nada en claro. Así y todo, no reniego de las cosas que hice mal. Reniego, quizás, de las cosas que no hice.

En estos días, en que el valor propio de la vida es tan relativo, tan subjetivo y sujeto a tantos parámetros, es raro, difícil incluso, encontrar en el camino gente optimista. Tengo la suerte de que en mi ruta aún me cruzo con gente así.

Está en cada uno entender el por qué del por qué. Seguro estoy de no saber todo. Pero lo poco que se me ha alcanzado para que el tiempo haya llegado a hoy y mi sonrisa se conserve intacta.

Supe respetar, esperar y comprender. Entiendo los momentos en que debo actuar y jugarme de lleno. Tengo como bandera de mi causa la de no hacer nada que no quiera. Y la defiendo y defenderé por siempre.

Quizás me tocó madurar de golpe. Quizás aún no maduré. Sinceramente, no lo sé, no creo tener la autoridad para decir qué, quién y cuándo ha madurado. Pero entiendo que las cosas salen bien cuando quiero que así sean.

Alguna vez, hace no mucho, me dijeron que “la felicidad es una decisión” En el momento lo dudé. Hoy me encuentro pleno por haber elegido ser feliz.

JIM

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