El amor, como patrón de conductas

por Nacho Merlo

Generalmente, cada paso que damos, está, de algún modo, signado por los sentimientos que nos llevan en la dirección, que, justamente, dan sentido a estos pasos.

En algùn punto de mis sentimientos, noto que se produce un cruce: La voluntad y el sentido no exhiben compatibilidad llegado este caso y es ahí cuando, de forma involuntaria, inconsciente si se quiere, prevalecen los sentimientos por sobre las razones lógicas.

Cuando una situación requiera de tus impulsos, sin dudas, tu sentido será signado por el corazón, ese que asociamos una y mil veces a la palabra amor. Entonces, ¿de qué modo puede uno ser racional y objetivo cuando, de algún modo, el amor es el patrón de nuestras conductas?

La idea surge de saber diferenciar qué y cuándo. Incluso, para con quién. No todas las personas ocupan la misma cantidad de espacio entre mis latidos, ni todos los latidos emiten igual vibración. Uno siempre se encapricha por prevalecer a quien más cerca de los sentimientos tiene y, es ahí, cuando el concepto de decisión personal y propia, deja de formar parte del contexto. Soy de los que luchan por la libertad de expresión y pensamiento.

Así y todo, noto que, como sucede con la mayoría de los corazones nobles, nadie se detiene para observar el por qué de las cosas. Las vivimos, las disfrutamos o no. En consecuencia, pasan a formar parte de nuestro archivo de sucesos, o de fracasos y, otras tantas, se pierden en el reloj de lo vivido, allí donde la memoria no llega.

Ayer camine bajo la lluvia y quise recordar su nombre. Ni ella ni su nombre figuraban en mis sentidos. Por un momento, miré al cielo y pregunté “¿Por qué?”. Inmediátamente, me respondí: “Porque lo merecés”.

Desde aquel día a hoy, la raíz que tus versos han sembrado en mi, no ha dejado de afianzarse. Hoy te necesito. Quizás vuelva la tormenta pronto y encuentre la luz de tus ojos bajo el rocío de verano.

JIM

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