La sustancia de la cual estoy hecho…

por Nacho Merlo

Uno se va volviendo rebuscado. La tolerancia tiene cada vez más letras y es dificil de escribir, de sentir. Incluso, imaginarla, diría. Reflejarse cada mañana más viejo, a veces duele, de tanto en tanto arranca sonrisas, y cuando el espejo se pone dañino nos invita a reflexionar. Claro que nadie quiere enfrentarse a esa situación que nos vendieron que dice que el pasado, los recuerdos, y demás no nos pertenecen. No, nadie.

Me tocó mirarme las canas al espejo hace algunos meses. Quizás dos meses…quizás cuarenta. Dicho en meses, parece menos. Pero hace unos cuantos abriles que me veo envejecer cada mañana, con los mismos sueños, y los mismos miedos. A priori, eso parece malo: Estancarse en una única realidad, ilusionarse con lo mismo que años atrás y recular ante cada situación que dolía entonces, no resulta alentador. Pero el tiempo se encarga, tal el mar con la arena, de llevarse todo. Lo malo, lo bueno, lo que no suma ni resta…todo. Y dentro de ese todo, estamos nosotros.

Es que el tiempo no da tregua. Se pone del lado que menos conviene cuando quiere, a gusto, y es el patrón de nuestras emociones. Uno lo ve irse, siempre se va..siempre es lejano, siempre es ajeno. Siempre. Nos hemos hartado de luchar para que se quede en su lugar, clavado, fijo..y nunca. Nunca ganamos, nunca es exácto. Nunca.

En algún cuaderno viejo, hace muchos años leí que el tiempo, es la sustancia de la cual Borges estaba hecho. Lo leí quizás dos veces y pensé: Entonces estoy hecho de Borges. Desde ese momento, en que me sentí igual que todos, porque el tiempo nos lastima por igual, se vuelve caprichoso e intolerante, comprendí que lo único que podemos hacer con él, es acompañarlo. Y como toda compañía, hay que ser oportuno para sacarle lo mejor.

Yo empecé a entender el tiempo cuando ya me molestaba. Todos nos volvemos enemigos suyos a los 20 y al correr los días, nos vamos amigando, para que no se pase tan rápido, para que nos deje llegar. El problema con el tiempo, entonces, surge por la incertidumbre: No sabemos dónde queremos llegar. Le pedimos a Dios o quien fuere que nos de tiempo y, sin embargo…cuando el tiempo nos pertence por un tiempo, se lo prestamos a los demás, lo lastimamos con penas o lo malgastamos en vano…Y es ahí cuando el tiempo empieza a apurar cada latido. Y uno se asusta. Y él aprieta. Y uno promete. Y él avanza. Y uno resigna. Y el celebra su paso por nuestra vida.

JIM

Fito Páez . Cadaver exquisito [En vivo]

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