De mi

por Nacho Merlo

Uno no construye su personalidad por sí solo. Se va formando, lo van formando. Asimilamos y descartamos, al mismo tiempo, un sin fin de oportunidades y, sin embargo, en los momentos de angustia, cuando la pena pesa (y cala profundo), no somos capaces de tomar una desición que nos saque un ratito del pozo. Ese pozo que hemos preparado aferrándonos a cuanta ilusión conocimos y que cada día es más profundo.

Creo que tenía 20 años, quizás menos, o más, no recuerdo, y me topé con una situación adversa, indeseada; molesta incluso. En aquel momento se me daba por ocupar parte del tiempo libre en escribir, como hoy. Asenté algunas líneas de frases inconclusas o poco felices y guardé la hoja en un cajón. Decía, hasta donde recuerdo, algo así:

Yo ya no puedo seguir pensando qué pensar, cuándo y cómo. Ni tampoco qué piensa el resto ni por qué lo hace. Los prejuicios y la falta de confianza en mi, estan formando y creando la versión más triste de mi persona. El día que me de paso a ser, símplemente, feliz, sin dudas, voy a desconfiar de la armonía.

A veces pienso que no me permito sentir la felicidad. Vivo indagando lo que siento. Sobre todo lo bueno, lo que alegra.

Hoy afronto un momento de esos que nadie quiere recordar. Y ya no quiero recordarlo. Sin embargo, como para contradecirme de nuevo, lo anoto en un papel, para leérlo en algunos años, y sufrirlo de nuevo

Pasaron unos seis años desde entonces. Releyendo, veo que he crecido.

Hace no mucho tuve que elegir entre la vivir y pasar el tiempo y me quedé con la primer opción. Lo escencial, lo necesario, lo primitivo, lo natural…todo eso a lo que uno reniega vaya a saber Dios por qué, es lo que había dejado guardado en el mismo cajón de notas viejas. Pero ya no puedo darme el lujo de prestar mi imaginación al qué dirán ni mi tiempo al qué seré.

En mis manos y en mi mente, sólo habita un lugar, un presente. Lo que no fue se ha transforamado en experiencia y lo que no será, en frustración. Convivo con ello. Pero lo que es, lo que soy, me lo debo a mi. Tengo en mis manos el poder de elegir. La suerte de hacerlo. Las ganas de ello. Y es así como decido, entonces, aferrarme a lo que nunca quise entender como lógico. No es más ni menos que una cuota –lógica– de egoísmo ante la crueldad y el desenfreno social.

Entonces, hoy me ubico en donde siempre quise, ahí, al lado de mis sueños cotidianos, marcando su camino, guiando mis dolores, apagando alguna pena de a poquito y encendiendo algún latido sin rencores.

JIM

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