Sombras

por Nacho Merlo

A la vuelta de la esquina más lejana del pueblo más pobre del país más rico, mueve sus caderas la más hermosa de las mujeres feas del lugar. Camina sin paciencia y sin perder el ritmo, y en cada paso cosecha una mirada nueva, de luz propia y sangre cautivante.

Dicen que al otro lado de la tierra, en la más cercana de las plazas ricas de un pueblo pobre como sí solo, camina solo y lento el paisano más viejo del rincón más joven de la zona. El lleva con gracia sus pocos pelos y sus piernas flacas. A cada paso deja un surco, y en cada surco, una nueva sombra con historia propia.

Dicen, también, que sus corazones son mitades inexactas de un corte previo a su llegada a la tierra. A élla le tocó la porción más chica, y a él la que tiene de sobra. Y a cada sol que ella recibe, él baja sus párpados a una noche nueva. Caminan y no se encuentran, y resisten porque se presienten cercanos.

Dicen que todavía caminan entre nosotros. Él se disfraza de pena, y ella se viste de ganas.

Y digo, bendito sea aquel que supo llevar al pueblo la idea del pálpito y la corazonada, porque con esa tinta fresca y sagrada se supo escribir la historia, de la mulata soltera, y el buen vecino solo.

JIM

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