Lautaro

por Nacho Merlo

Levanten las copas, tan alto como puedan. Eleven sus sueños al cielo y sonrían hasta que duela. Ha nacido el más joven de la tribu y por él brindamos. Lleva en sus risas una pequeña gran porción de cada uno de nosotros. Carga el peso de los sueños que no pudimos concretar. Es el primer eslabón de una cadena que empezó a crecer tras nosotros. Tiene los más lindos ojos del reino, porque lleva en ellos el reflejo de nuestras miradas. Nos permite creer que soñar es la llave de un mundo nuevo, el pasaje a lo maravilloso.

Hace exactamente un mes, nació Lautaro, el hijo de uno de mis hermanos elegidos. Lautaro bien podría ser sinónimo de asombro, de maravilloso, de paz. Es el y su llegada quienes me marcaron que, en la línea del tiempo, hay una nueva referencia. Estamos empezando a abrir las puertas a la nueva generación. Y en él, en Lautaro, es donde se resumen infinitas sonrisas que compartimos en los años en que sólo éramos niños.

Hoy, hombres y adultos, nos miramos mientras sonreímos al verlo y notamos que el tiempo nos está ubicando en un nuevo lugar. Un lugar que, por cierto, estaba esperando hace tiempo.

Bienvenido a la familia.

JIM

Lautaro y Nacho

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