El pianista de los pasillos oscuros

por Nacho Merlo

Lejos, muy lejos, desafinaban sobre un viejo, muy viejo piano, las manos más tristes de la ciudad.

Habíamos compartido algunas notas y unos cuantos cigarros algunos años atrás y hoy, como si lo lúgubre de aquel rincón porteño hubiese soldado las agujas contra el paso del tiempo, el panorama era idéntico.

“Yo soy un artista, eso me hace sucio, pobre y solitario. Pero es lo que elegí ser..”- susurraba quejumbroso ante mi presencia.

Noté que sus manos guardaban más arrugas que entonces y le ofrecí escucharlo.

– “No necesito de tu caridad. Lo que no se siente, no se transmite..” – dijo algo incómodo.

Lo tomé como una verdad indeleble, no quise insistir. Me alejé lentamente, y de fondo sus quejas se transformaron en tango.

Desde entonces no supe más de Fabio, el pianista de los pasillos oscuros. Pero la música tiene ese don exclusivo de vivir por siempre mientras la memoria se esfuerce en que así sea.

JIM

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