Libelo

por Nacho Merlo

¿Qué necesita un hombre además de un pedazo de mar y de un barco con el nombre de la amiga y un sedal y un
anzuelo para pescar?
Y mientras está pescando, mientras espera, qué necesita un hombre además de sus manos, una en la caña y la otra en el mentón, que es para poderse perder en el infinito, y una botella de aguardiente para provocar tristeza, y un poco de pensamiento para pensar hasta perderse en el infinito…

Pero el mar está prsionero en las corrientes, y es necesario luchar por él!

¿Qué necesita un hombre además de un pedazo de tierra –un pedazo muy verde de tierra– y una casa, no demasiado grande, blanca, con un huerto y unos cuantos árboles frutales; y un jardín –un jardín es importante– lleno de olorosas flores?

Y mientras lo habita, mientras espera, ¿qué necesita un hombre además de sus manos para cavar la tierra y arrancar unos acordes en la guitarra cuando la noche se convierte en luz lunar, y una botella de whisky para provocar misterio, pues una casa sin misterio no vale la pena habitarla…

¡Pero la tierra ha sido esclavizada, y es necesario luchar por ella!

¿Qué necesita un hombre además de un amigo que aprecie, un amigo a secas, simple, de esos con los que no es necesario hablar –basta mirar-, uno de esos que sea un poco indigno en la amistad, de un amigo para la paz y para las peleas, un amigo en casa y en el bar?

¡Pero el amigo ha sido humillado, y es necesario luchar por él!

¿Qué necesita un hombre además de una mujer para amarla, una mujer con dos senos y un vientre, y cierta expresión singular? Y mientras pasa, mientras espera, ¿qué necesita un hombre además del cariño de una mujer cuando la tristeza lo derriba, o el desatino lo carga en su onda sin rumbo?

Sí, qué necesita un hombre además de sus manos y de la mujer, las únicas cosas libres que le quedan para luchar por el mar, por la tierra, por el amigo…

Vinicius de Moraes

Abril, 1950

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