Al cerrar los ojos ya no estaré aquí

por Nacho Merlo

Será, paradójicamente, el instante más largo de toda su vida. No ha habido momento, por fugaz que fuere, tan definitivo, tan único; tan último. Cada silencio que sucede es, inevitablemente, señal que una ráfaga de disparos está yendo hacia él. Es momento de apretar los dientes cuan fuerte se pueda, de memorizar los ojos de cada ser que ha sabido querer cuando niño y tachar la palabra futuro de su pequeña lista de cosas por vivir.

Por un instante el tiempo elige tomar un respiro. Las agujas se sientan a ver la escena: Su pecho ha sido perforado con la ferocidad que el manual de guerra indica. A sus espaldas un río de sangre; en sus ojos, una gran cantidad de lágrimas que no han llegado a ser lloradas como corresponde.

Existe en ese momento, y no en ningún otro, un instante para plantear una única pregunta y ninguna respuesta. La mayoría usa su carta en un “¿Por qué?”, aunque, cada tanto, un distinto se aventura a gastar su voluntad interrogatoria en un “¿Habrá valido la pena?”.

JIM

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