Nuestro Espejo

Un pequeño reflejo de todo lo que vivo

Categoría: Mi espejo

Desahogo 02 | 11.04.14

Pensar. Parar. Volver a pensar y sentir que pensando encuentro ayuda, que buscando respuestas las encontraré y nada de eso pasa. Nada. Entonces: ¿Qué respuesta busco?
Ninguna. Sólo regodearme en el miedo que produce el miedo.
Inhalar, exhalar y remontar vuelo. Perdonarse.
Esa es la clave, tal vez. Perdonarse.

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Frío de muerte

Vuelvo mil veces sobre el punto exacto en el cual el auto se apaga y, delante mío, un Volkswagen Gol –negro, modelo 2009, estimo–, frena bruscamente, me cierra el paso y se abren las cuatro puertas. De cada asiento baja un ladrón, un delincuente, un pibe que nació con menos oportunidades que yo y está dispuesto a matar. Eso dice. Repite claro: “Dame las llaves, porque te mato si no”. Y yo, amigo de las cosas claras y sin vueltas, le doy las llaves, porque entiendo que si no lo hago me matará. Es su promesa. Y no sólo eso. En este momento se ha convertido en mi destino; mi bifurcación. Si sus ideas deciden conectar el gatillo con las cachas de la pistola que empuña en su mano derecha, dentro de algunos segundos, estaré muerto. Y no sólo eso. En ese mar de sangre que sospecho causaré, se irán mis sueños, los del niño que supe ser y los del viejo que pienso ser, incluso ahora que siento el frío del arma en el esternón.
Algo me hace resignarme; entender que este es tal vez mi destino, que hasta aquí han viajado cuerpo y alma en forma conjunta y que este es el punto de inflexión: de ahora en más, ya no habrá dudas sobre qué hay después de la muerte, si existe o no la reencarnación o lo que fuere. En adelante, cuando la bala me perfore todas los huesos que mantienen la estructura de mi torso unida, ya no habrá dudas. La muerte traerá consigo todas las certezas y respuestas que la vida no sabe dar.
Pero no me lo permito. A mi derecha está pasando algo mucho más complejo. Otro ladrón, otro pibe que no llega ni al metro setenta, ni a los diecisiete años ni al status de ladrón, amenaza de muerte a mi mujer. A la mujer que elijo; mi compañera. Y no me lo perdono. Sé que si esa amenaza se convierte en bala; si pólvora y fulminante reaccionan, ya no sólo morirán mis sueños, sino los suyos, y sobre eso no hay perdón. La misma suerte corren las dos amigas que viajan conmigo, en los asientos de atrás.
Algo de todo lo que pasa me hace mantener la calma. Insisto, debe haber sido la sensación de no tener poder de decisión sobre lo que pasa. Lo cierto es que cual pavo real, cubro a las tres mujeres tras mis brazos flacos –temblorosos– y largos y decido que lo mejor es dar uno, dos, tres; diez pasos hacia atrás. Estamos a cuatro o cinco metros de la esquina. Si logramos salir del foco de la escena, tendremos posibilidad de correr hasta el infinito, hasta que este viernes nocturno de invierno se haga sábado por la mañana. Un paso, dos, hacia atrás. Estamos en la esquina, estamos libres.
Escucho mientras me alejo, con una nitidez que sólo creía posible en películas de cine, dos cosas con claridad abrumadora: sus voces, cuchicheantes, por un lado y el motor del auto tartamudeando, por el otro. Entiendo que el auto no arranca. Que no sólo no arranca, sino que no va a arrancar, y que estoy a 20 metros del cuadro de la escena. Sé, –entonces sé, ya no lo sospecho– que mi destino está en la esquina. Que el último beso a mi mujer fue cuando nos encontramos algunos cuántos minutos atrás para volver juntos, que el último abrazo a mi familia lleva unos días de añejamiento, que la última cerveza helada que tomé con mis amigos ya no existe más siquiera en el recuerdo de cada uno. Adivino que lo viene dolerá; imagino frío, mucho frío y angustia. Y eso me desespera, pensar en la angustia que está por causar aquella maniobra imprudente mía: cómo no mirar simultáneamente los 3 espejos, el parabrisas, la luneta y cada una de las ventanas del Clio, ¿no? Cómo no hacerlo.
Escucho pasos. Pasos que vienen desde la esquina a este porche en donde me refugio con tres mujeres a las cuales debo hacer creer que nada malo pasará cuando tengo la certeza de que lo peor aún no llega. Y temblamos los cuatro, y yo simulo estar bien, estar tranquilo. Estar, estar ahí para decir que nada va a pasar, porque en el fondo pienso que nada me perdonará que algo pase. Y vuelvo a escuchar cómo el burro de arranque gira en falso una vez, dos, tres… y silencio.
Un auto sale arando y nuevamente silencio. Nada. La noche de Valentín Alsina se vuelve eterna, intrigante e incómoda. El silencio ensordece, abruma. Confundo las ganas de llorar de miedo con las de vomitar de angustia y ni siquiera pongo énfasis en distinguirlas. Algo acaba de pasar. Algo se quebró adentro mío para siempre. Desespero en el silencio, en la entrada de esa casa de la cual no quisieron abrir la puerta para que no nos maten, por miedo a que los matemos a ellos, o por miedo de que quienes iban a matarnos los matasen también, o por miedo a no poder manejar el miedo.
Los escucho irse. Los adivino dando vueltas manzana, pistola en mano, buscando mi cabeza. Me he vuelto enemigo de gente que no conozco, que no quiero de mi lado ni del otro. Desconocidos, que han sentido la necesidad, la voluntad o simplemente la intriga de poseer algo que no es suyo. Cómo pasa con los vueltos y las dobles morales.
Pero no, nada de eso pasa. Cuando me asomo a la esquina estoy vivo. Mi auto está con las cuatro puertas abiertas como un libro que se secó al sol, solo de toda soledad, esperando por saber qué pasó. Y ahí estoy yo, si sólo pudiese ver mis piernas –flacas, largas y temblorosas–, pensaría que lo peor pasó. Pero de todo ese trago aún guardo resabios de amargura.
Que quiero empezar a escupir y que, tal vez, de todo eso se traten estas letras.

P01B

No contemplo entonces,

ni imagino, por cierto

crecer lejos de tus alas,

vivir donde no estén tus besos.

Nada más absurdo que la nada misma

y nada más lejano aun que el sinfín de excesos

¿Dónde guardas tantos sueños,

dónde vive cada uno?

JIM

El umbral

Existe en todo pueblo civilizado y que se precie de serlo, un umbral que divide en dos partes desiguales toda ecuación. Algunos ricos a un lado, un sin fin de pobres del otro; gente que sueña y gente que lo hace realidad; quienes ríen, y quienes dan risa, quienes lloran la amarga bronca del no; quienes no han aprendido a llorar.

Existe, además, en todo ser dueño de sus pensamientos y que sienta orgullo de tal condición, un umbral que parte en dos cada idea. El vive al otro lado del no. Son vecinos, se han criado juntos, pero no se conocen, aunque se necesiten el uno al otro para existir.

Si nos detenemos a observar cualquier umbral, sin duda encontraremos una flor a un lado, y una mano, inútilmente extendida, tratando de llegar a ella, del otro. El es y el debería ser. Así ha sido siempre y de momento no nos animamos a derribar ninguna pared.

JIM

Al cerrar los ojos ya no estaré aquí

Será, paradójicamente, el instante más largo de toda su vida. No ha habido momento, por fugaz que fuere, tan definitivo, tan único; tan último. Cada silencio que sucede es, inevitablemente, señal que una ráfaga de disparos está yendo hacia él. Es momento de apretar los dientes cuan fuerte se pueda, de memorizar los ojos de cada ser que ha sabido querer cuando niño y tachar la palabra futuro de su pequeña lista de cosas por vivir.

Por un instante el tiempo elige tomar un respiro. Las agujas se sientan a ver la escena: Su pecho ha sido perforado con la ferocidad que el manual de guerra indica. A sus espaldas un río de sangre; en sus ojos, una gran cantidad de lágrimas que no han llegado a ser lloradas como corresponde.

Existe en ese momento, y no en ningún otro, un instante para plantear una única pregunta y ninguna respuesta. La mayoría usa su carta en un “¿Por qué?”, aunque, cada tanto, un distinto se aventura a gastar su voluntad interrogatoria en un “¿Habrá valido la pena?”.

JIM

Desconcierto

Se encuentra llorando sepa uno qué pena, en uno de los asientos más lejanos del tren nocturno. ¿Cuántas preguntas le ha hecho ya a la luna? ¿Ha recibido, al menos, una respuesta? Tal vez así haya sido, porque firme sigue su camino, lágrimas mediante.

Por un momento detiene el llanto, limpia algún resto de tristeza y mira, cuasi ilusionada, los restos del lugar que pudo y no supo ser: su presente, el mismo que, en este instante, va convirtiéndose en pasado al ritmo que la locomotora empuja el resto del convoy.

Seguramente encuentre un nuevo destino donde llevar el equipaje lleno de sonrisas que horas atrás pensaba no usar más. Tal vez, al bajar en su estación, decida dejar las penas olvidadas en el tren que lleva sus recuerdos. Tal vez.

Las flores del cemento

La ciudad, por donde uno la mire, se ha convertido en un sinfín de cemento. Gris. Sin embargo, tal vez por optimista, tal vez por observador, encuentro flores en cada porción de revoque. Las flores han sido siempre un mensaje ambiguo:  amor, por un lado; velo, por otro.

Si uno se detiene a mirar las paredes de la ciudad, de cualquier ciudad, encontrará promesas de eterna pasión y recuerdos en formas de placas doradas, de gente que ya no es, pero que supo ser; amor por un lado, luto por otro.

JIM

Óxido

Cuentan en las calles del pueblo que dejé atrás horas antes, aquellos que más canas peinan, que el invierno ha sido siempre así: amarga mezcla de soledad y silencio que desdibuja sonrisas en los rostros más optimistas. Sin embargo, algo parece haber empeorado desde aquella tarde; no alcanza ya con ser parte del paisaje, con una comida tibia ni un tímido abrazo. De un tiempo a hoy, no hay motivos concretos para sostener un gesto de optimismo por más de un instante. Todo es muy reciente.

De espaldas al campanario de la única iglesia en muchísimos kilómetros a la redonda, cierro los ojos, agudizo mis oídos y siento el susurro de mil voces. Es como si el pasado tuviese la posibilidad de comunicarse con el presente, siendo mi percepción y la falta de sueño el medio para entablar tal conexión.

Sed. Siento mucha sed. Han pasado sólo unos instantes desde que mis ojos se abrieron, desorbitados, buscando y no encontrando respuestas. Aún retumban voces jóvenes en mi cabeza. Escucho gritos desgarradores en medio del silencio. Nunca tuve una experiencia tan precisa…tan…tan intensa.

Dicen que en aquel pueblo, las agujas de cada reloj han decretado la huelga por tiempo indeterminado, que resisten girar y ponerse a tono con el presente, ya que el pasado les resulta más ameno. Todas se han detenido en el mismo momento. Quienes, osados, se han quedado a vivir en el presente perpetuo del antiguo pueblo, dicen que han encontrado la calma de saber que verán pasar una y mil veces las sonrisas de quienes han elegido amar. Quienes huyeron despavoridos tras aquella tarde, no soportan la idea de un mundo sin futuro. Otros, en cambio, han quedado escondidos en las sombras de las callecitas de tierra. Ellos, no comprenden un mundo sin pasado, no les pertenece el presente, y el futuro es algo que no les han convidado.

Incubus | Defiance

Lautaro

Levanten las copas, tan alto como puedan. Eleven sus sueños al cielo y sonrían hasta que duela. Ha nacido el más joven de la tribu y por él brindamos. Lleva en sus risas una pequeña gran porción de cada uno de nosotros. Carga el peso de los sueños que no pudimos concretar. Es el primer eslabón de una cadena que empezó a crecer tras nosotros. Tiene los más lindos ojos del reino, porque lleva en ellos el reflejo de nuestras miradas. Nos permite creer que soñar es la llave de un mundo nuevo, el pasaje a lo maravilloso.

Hace exactamente un mes, nació Lautaro, el hijo de uno de mis hermanos elegidos. Lautaro bien podría ser sinónimo de asombro, de maravilloso, de paz. Es el y su llegada quienes me marcaron que, en la línea del tiempo, hay una nueva referencia. Estamos empezando a abrir las puertas a la nueva generación. Y en él, en Lautaro, es donde se resumen infinitas sonrisas que compartimos en los años en que sólo éramos niños.

Hoy, hombres y adultos, nos miramos mientras sonreímos al verlo y notamos que el tiempo nos está ubicando en un nuevo lugar. Un lugar que, por cierto, estaba esperando hace tiempo.

Bienvenido a la familia.

JIM

Lautaro y Nacho

Sombras

A la vuelta de la esquina más lejana del pueblo más pobre del país más rico, mueve sus caderas la más hermosa de las mujeres feas del lugar. Camina sin paciencia y sin perder el ritmo, y en cada paso cosecha una mirada nueva, de luz propia y sangre cautivante.

Dicen que al otro lado de la tierra, en la más cercana de las plazas ricas de un pueblo pobre como sí solo, camina solo y lento el paisano más viejo del rincón más joven de la zona. El lleva con gracia sus pocos pelos y sus piernas flacas. A cada paso deja un surco, y en cada surco, una nueva sombra con historia propia.

Dicen, también, que sus corazones son mitades inexactas de un corte previo a su llegada a la tierra. A élla le tocó la porción más chica, y a él la que tiene de sobra. Y a cada sol que ella recibe, él baja sus párpados a una noche nueva. Caminan y no se encuentran, y resisten porque se presienten cercanos.

Dicen que todavía caminan entre nosotros. Él se disfraza de pena, y ella se viste de ganas.

Y digo, bendito sea aquel que supo llevar al pueblo la idea del pálpito y la corazonada, porque con esa tinta fresca y sagrada se supo escribir la historia, de la mulata soltera, y el buen vecino solo.

JIM

Despertarme a tu lado; ser parte de tu ser. Elegir a cada instante elegirte; ansiar cada beso, cada caricia; cada gesto. Sonreír al mirarte mirándome…

En algún momento quise tenerte en mis brazos; y en muchos otros, han sido éllos, mis brazos, quienes han notado un abrazo vacío por tu distancia, por tu tan profunda nada. ¿Cuántos pasos podremos dar en falso, mis risas y mis llantos, mis sueños y tu encanto? ¿Cuán lejos está la más lejana de tus sonrisas? ¿A cuánta luz me encuentro de tu mirada?

Dormirme a tu lado; intentar ser parte de tu ser. Intentar elegirte a cada amanecer; pensar en tus besos, caricias y gestos. Sonreír al recordar tu mirada posada en mis ojos.

Escenas de un día gris

La primer escena, transcurre a mis 12 años, en la parte de atrás del auto de mi viejo. Estamos mis hermanas y yo mirando cómo se aleja el paisaje por la luneta del coche. Voy viendo, por última vez, el pasado de mi presente actual. Me alejo paso a paso del lugar en el que sentí tantas veces ser feliz. Inménsamente feliz.

Yo tengo 12 años, dejo la ciudad en la cual me crié y vuelvo a mi Buenos Aires natal.

La segunda escena, transcurre en Buenos Aires, ya. Tengo casi 13 años ya, no me interesa tener amigos. Dedico todo mi tiempo a estudiar.

Con el paso del tiempo, me acostumbré a un Río Tercero lejano. Sin embargo, hacia la tercer escena, siento más dudas que nunca en mi vida.

Tercer escena: Tengo 17 años, me gusta salir por las noches de sábado a tomar alcohol, fumo tabaco y me crece el pelo largo. No me parezco en nada al hombre que proyectó el niño que fui años atrás. Entiendo que estoy haciendo algo mal. Y no sé qué es. 

Nudo: Tengo 24 años, ganas de dejar de estudiar por vez mil, la barba crecida, algunas guitarras colgadas en mi cuarto y la familia disociada. Ya casi no me acuerdo de la cara del nene que miraba el cartel de ‘buen viaje’. Sin embargo, mirar hacia adelante, me resulta aún más dificil que recordar aquel pasado.

En el desenlace estoy sentado en mi cuarto, cansado, pesado e ilusionado. Tengo 27 años ya, y soy la mezcla más perversa y perfecta que pude haber logrado con cada uno de los ingredientes con los que me han preparado. Y a diferencia de la tercer escena, esta vez, estoy llegando del pasado al futuro, con el ánimo intacto, como para enfrentarlo…o ponerme de su lado.

Fin.

La música como fuente de inspiración – 09/06/08

Me había sentado a esperar…con pocas ganas y poco tiempo. Dispuesto a nada. Resignado y vacío. Solo. Había elegido, sin saberlo, esa puerta como una salida y a cada instante, mi ser se alejaba más de mi escencia.

¿Dónde había guardado los sueños de aquel Mayo? Nunca supe bien por qué sonreí aquella tarde.

Dejé a un lado mis sueños y me hice de sueños nuevos. Distintos. Y hoy, supe que la pena valió la pena, y que valió tu ausencia en mi voz.

JIM

Canción: Pedro Aznar . Informe sobre Estela

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La música como fuente de inspiración – 26/04/08

Supo, quizás un tiempo antes, que no sería el modo de actuar la fuente de satisfacción, sino el acto en sí. Eligió el camino corto y caminó hasta perderse entre la nada y el horizonte. Lo vimos dejar huellas frente a nosotros, con esa mezcla ingrata que sólo se da entre tristeza e ilusión, y sin más preámbulos, partió.

Llevaba ropa vieja y una valija antiquísima. Beso mi frente encorvando su cuerpo, me miró y sugirió:

“Se feliz. No tiéntes a que la vida te excluya de tu gente. Se paciente. No juzgues a los que no caminen de tu lado. Se intenso. Lo importante no es el tiempo, sino qué hagas con él”

JIM

Canción: Ottmar Liebert . La memoria / Shadows

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Mi cumpleaños

Bueno, generalmente no hago posts de este tipo. El 23/04 cumplo años. El 26/04, lo festejo. Si quieren venir, avisan por mail.

Los primeros dos invitados, vienen de centro-américa, con la colaboración de Espacio Bizarro

Absolutismo

¿Cómo es que todo ha cambiado tanto? ¿Cómo tan pronto y por responsabilidad o culpa de quién? ¿Cual es el punto en el cual el viento ha comenzado a soplar distinto? ¿Cuándo dejamos de ser seres que se desarrollan socialmente para, símplemente, coexistir?

Todo se ha vuelto tan veritiginósamente cambiante en los últimos años que es normal sentirse ajeno. Los buenos modales, resultan ser un objeto de culto; las costumbres, un recuerdo; los valores, un modo de vivir la vida que, ya no existe. En que momento la nada se ha hecho cargo del todo?

Es increíble ver como el ser humano corre en busca de respuestas. Ambiciósamente, elige, exige y prefiere, ser o tener todo. No deja nada librado al azar. Es su balanza intelectual. El todo a un lado; la nada, al otro. Sin embargo, ¿Qué es todo? ¿Qué es nada?

Mis ideas me ayudan a decir que nada es absoluto; siquiera el todo. Y que todo es un absurdo; aunque no signifique nada.

Lo único que puede totalizarse, es la vida: Uno es todo cuando es. Y, por contraste, no es nada, cuando deja de ser. Entonces, pregunto. ¿Sabiendo que el todo es una acción que va ligada sólo a la posesión de la vida y la nada es, jústamente, no tener ese tan preciado regalo de la humanidad, qué pretendemos cuando imploramos un todo o la nada?

Quiero amarte todo lo que pueda; no quiero extañarte nada. Nada me hace vulnerable si estás conmigo. Todo puede ser mejor si te quedas esta noche.

Todonada…¿Qué más da? Son valores subjetivos sobre los cuales la humanidad ha ido diagramando su forma de ver las cosas. Sin haber dado cuenta del pequeño e importante detalle que resulta tener presente, siempre, que jamás tendremos todo de alguien, ya que para que eso suceda, necesitamos que la otra persona, no tenga nada. Y la ecucación se vuelve molesta.

Hace tiempo que no rompía las cadenas con tanta fuerza, que no gritaba por la libertad de mi libertad con tantas ansias; que no me mostraba con tanta vehemencia a la sociedad a la cual pertenezco. Pero hoy, como hace tiempo que no, he elegido querer como quiero, ser como siento y crecer como puedo. Buscando, quizás, una buena tajada del todo que me toca vivir, para que la nada no sea tan insulsa cuando llegue.

JIM

Alanis Morissette . Ironic (MTv Unplugged)

Inesperado

Quizás, cuando uno ya no encuentra lugar para la emoción; para lo valedero, entonces, claro, como todo lo inesperado, un detalle es amuleto, una canción es compañía y una noticia es la noticia.

En medio del corazón de los excesos me sentí incómodo y escapé hasta esta noche, buscándome, con la fortuna de haberme encontrado.

Nada como codearse con la felicidad y mostrarle los dientes

JIM

Soda Stereo . En la ciudad de la furia
(En vivo en Buenos Aires 20.10.1997)

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