Nuestro Espejo

Un pequeño reflejo de todo lo que vivo

Categoría: Punto de vista

Desgaste

Todo se encuadra en un determinado tiempo. Lo que es y lo que debería ser, generalmente, luchan por ocupar la misma posición, hasta que se hace presente el lo que fue.

Un corazón late; dos vibran. Un corazón sueña; dos concretan. Un corazón siente; dos se excitan.

Un día élla despierta, o él…para la historia es lo mismo, se miran y se enteran que no se aman más. Ya no más. Se encuentran ajenos, se reconocen distantes y se presienten excluídos entre sí. Bien saben que no habrá un nuevo despertar en brazos del otro. Así parece funcionar: Es el concepto de amor con fecha de vencimiento, del lote en el cual el enamoramiento se desgasta.

Quizás por falta de paciencia, quizás por egoísmo, quizás por cuestionar todo y tanto con un simple quizás.

Un corazón vibra; dos sobran. Un corazón concreta, dos sueñan. Un corazón se excita; dos exigen sentir.

JIM

Primavera

El día de la primavera siempre fue motivo de festejo. Al menos en mi Patria. Es esa mezcla extraña de ilusión y buen augurio que me cae bien. Y como las oportunidades en que la sociedad se pone de acuerdo en disfrutar la vida, son pocas, no lo cuestiono y me adhiero a ilusionarme.

JIM

San Bernardo . Febrero de 2007

Andrés Calamaro . 5 minutos más (minibar)

Resignar

He decidido olvidar el por qué del por qué al conocerte. En esta situación, uno ya no se da el lujo de juzgar buenas ni malas intenciones. Sólo recibe, cuando la suerte se acomoda en nuestro lado, parte de lo que espera. Y así, la rueda pareciere girar por siempre.

Pero no. Cierto día vas en busca de tu ración de destino y notás que ha cambiado el escenario, los protagonistas e incluso el libreto. Es cuando entendés, que la única opción que te sienta bien, es limitarte a observar el desenlace, ese que no esperabas.

JIM

El amor, como patrón de conductas

Generalmente, cada paso que damos, está, de algún modo, signado por los sentimientos que nos llevan en la dirección, que, justamente, dan sentido a estos pasos.

En algùn punto de mis sentimientos, noto que se produce un cruce: La voluntad y el sentido no exhiben compatibilidad llegado este caso y es ahí cuando, de forma involuntaria, inconsciente si se quiere, prevalecen los sentimientos por sobre las razones lógicas.

Cuando una situación requiera de tus impulsos, sin dudas, tu sentido será signado por el corazón, ese que asociamos una y mil veces a la palabra amor. Entonces, ¿de qué modo puede uno ser racional y objetivo cuando, de algún modo, el amor es el patrón de nuestras conductas?

La idea surge de saber diferenciar qué y cuándo. Incluso, para con quién. No todas las personas ocupan la misma cantidad de espacio entre mis latidos, ni todos los latidos emiten igual vibración. Uno siempre se encapricha por prevalecer a quien más cerca de los sentimientos tiene y, es ahí, cuando el concepto de decisión personal y propia, deja de formar parte del contexto. Soy de los que luchan por la libertad de expresión y pensamiento.

Así y todo, noto que, como sucede con la mayoría de los corazones nobles, nadie se detiene para observar el por qué de las cosas. Las vivimos, las disfrutamos o no. En consecuencia, pasan a formar parte de nuestro archivo de sucesos, o de fracasos y, otras tantas, se pierden en el reloj de lo vivido, allí donde la memoria no llega.

Ayer camine bajo la lluvia y quise recordar su nombre. Ni ella ni su nombre figuraban en mis sentidos. Por un momento, miré al cielo y pregunté “¿Por qué?”. Inmediátamente, me respondí: “Porque lo merecés”.

Desde aquel día a hoy, la raíz que tus versos han sembrado en mi, no ha dejado de afianzarse. Hoy te necesito. Quizás vuelva la tormenta pronto y encuentre la luz de tus ojos bajo el rocío de verano.

JIM

Ilusiones

Según la Real Academia Española, las ilusiones son aquellas esperanzas cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo. Yo soy uno de los tantos que cree que, las ilusiones, van mucho más allá de esa definición.

Una ilusión tiene la capacidad de mantener con vida al más anhelado sueño, por siempre. Acaso, ¿quién no se ha ilusionado? ¿Y quien no, más de una vez con lo mismo? Yo sí.

Al comenzar cada día, llevo conmigo las ilusiones y el anhelo de transformarlas en realidad. Son, sin dudas, las que me dan la libertad de ser quien soy. Yo elijo qué me ilusiona y qué no. Es por eso que, dicho esto, puedo decir que la relación entre ilusiones y libertad, se encuentra emparentada y una depende de la otra. No creo en la capacidad de percibir libertad sin tener ilusiones. Tampoco lo contrario.

Muchas veces, uno genera falsas ilusiones, o, símplemente, se ilusiona con sucesos que, de antemano, se saben impsibles. Muchos intentan sostener que son este tipo de ilusiones las que más frustraciones generan. Yo, por contrario –como siempre– entiendo que este tipo de ilusiones, son las que hace que la voluntad perdure. Acaso, ¿qué queda al cumplir una ilusión? De algún modo, se genera un vacío y, es ahí, cuando debemos crear una nueva ilusión.

Uno de los problemas, puede surgir cuando una ilusión se vuelve realidad cuando no lo esperamos. Nuestra fuente de creación de ilusiones, no estará dispuesta a generar nuevas ilusiones y es ahí donde el camino de los sueños y las tentaciones se entrecruza.

Constancia, voluntad, experiencia, sabiduría e ilusiones. Constancia, para no bajar los brazos nunca. Voluntad, para alejar nuestros miedos y buscar el sentido de cada momento. Experiencia, para distinguir las piedras con las que ya he tropezado. Sabiduría para comprender las aunsencias, los dolores y la injusticia. Ilusiones, para jamás dejar de lado el deseo de poseer Constancia, Voluntad, Experiencia, Sabiduría e Ilusiones. Al mismo tiempo, y en el mismo lugar.

“Constancia, voluntad, experiencia, sabiduría e ilusiones. Mis deseos para este año que empieza, para quienes forman parte de mis días, para quienes forman parte de mis sueños.”

JIM

Exceso de dudas

Sin dudas, en algún punto, todas las historias se cruzan entre sí.

No es novedad conocer historias dispares que entrecruzan caminos. No sería la primera vez. Sin dudas, no será la última. Pero, entiendo que tus penas y las mías tengan un epicentro situado en el mismo lugar.

Estoy convencido que la vida me ha traído hasta estos años por alguna razón. De todo el tiempo que recorrí, he juntado recuerdos. Al escuchar tu voz relatar tus (mis) problemas, me sentí particularmente identificado. Y es ahí cuando me detengo a pensar.

“¿Cómo es posible que los sufrimientos puedan ser comunes, cuando, las alegrías, son meramente propias?” A todos nos entristece lo mismo. Algunos más, otros menos. Lo que impacta con dolor y genera tristeza, es común a todos. Las alegrías, son puntuales. La definición de felicidad –si es que hay una- debe ser sin dudas: abstracta, porque no se puede medir; utópica: porque es un estado al cual uno -paradójicamente- no quiere llegar nunca. ¿Por qué digo nunca? Porque quien cumple sus objetivos, y no los renueva, sin dudas, recae a un estado de infelicidad. A su vez, estime, sería una definición parcial. Lo que me hace feliz a mi, no necesariamente hace feliz al resto. Incluso, en muchos casos, lo que hace feliz a uno, directamente, genera ingratitud en otro. Es una teoría de dependencia y entrecruces de sentimientos y estados de ánimo.

Ayer, al leer tus problemas, y sentir que hablabas de los míos, pensé –nuevamente“¿Por qué los sufrimientos son comunes, pese a que nuestras vidas sean diferentes?” No puedo responder de una forma irrefutable, pero puedo entender, quizás, el por qué.

Muchos de nosotros, estamos formados por sentimientos nobles. Al menos, la gente que me da placer que me rodee. Quizás, la forma de absorber con la carga de un problema, impacta de igual forma en quienes tenemos sentimientos similares.

Nos hemos criado en un hogar distinto, y nuestras vidas han sido diferentes. Así y todo, he sufrido lo que sufrís hoy vos. No necesité que te explayes demasiado para notarlo. No porque te conozca lo suficiente como para notarlo. O quizás sí; en realidad, no se el por qué.

Sólo puedo decirte que tus palabras no son nuevas y lo que sentís no es algo únicamente tuyo. Los problemas dejan de tener carácter personal cuando uno tiene con quien compartirlos.

Siempre sostuve que mejor que alguien que de consejos, es cruzarse con quien sepa escuchar.

Insisto que en mi, hay dos oídos dispuestos a escuchar cuanto sufras. Como también están preparados para sentirte reír. Fuerte. Muy fuerte.

Hace no mucho, me senté a escribir que no pierdas tu sonrisa. Y veo que no lo has hecho. Eso me pone muy contento. Pero duele saber que hay momentos en tapas tu rostro con llantos.

Dicen que todo este proceso de transición que vivimos día a día, enfrentándonos con nosotros mismos, es lo que se llama vida. Lo malo es que pase. Lo bueno, es que el tiempo es la sal de cualquier herida. Y sobre todo, cuando uno no baja los brazos, cuando uno no descuida su gente y cuando, por lo que fuere, se aferra a la voluntad de no perder su sonrisa.

“De todas las lágrimas que mis ojos cayeron, rescato aquellas que marcaron mi vida. Ausencias, encuentros; partidas, regresos.

Por alguna razón que no conozco, al escribir lo que siento, en este momento, se me dibuja apenas una sonrisa.

Quizás por contar con vos, y vos conmigo, por entender que lo casual de la vida es algo realmente divino, y por entender tu voz difusa en el momento de vacío. Es quizás, por todo eso, que te extiendo un abrazo…y te vuelvo a insistir, otra vez, como aquel día, que mientras no pierdas la calma y exhibas tu risa, los problemas serán sólo eso, pero no la razón de tu vida.

Dicen que la historia la escriben los que arriesgan. Los que luchan por su causa. Desde mi anonimato y sin intención de gloria, grito convencido, ¡que el tiempo es ahora!”

JIM

Fatalismo inútil

Son muchas las cosas que se notan a simple vista. No tuve necesidad de cambiar algunas palabras con vos para ver cuan transparente sos, en cuanto a tus sentimientos, sueños y penas. Tenés facilidad para encontrar zonas grises en tu mundo, pero no ves con claridad cada una de las cosas bonitas que le pasan a tu vida. ¿Nunca miraste el reflejo de tu sonrisa al espejo?

Cuando me encuentro en esta suerte de constante comparación de problemas y beneficios, errores y virtudes, noto que siempre pesan más las cosas malas. Los problemas acarrean consigo la necesidad de solucionarlos, por lo que un simple problema, deviene en muchos más algunas veces.

¿A que llamás fracaso? ¿Acaso es pecado errar? ¿Porque la -constante- exigencia? ¿No te permitís fallar?

Pensá que así, como vos decís, equivocándote una y mil veces, has llegado a ser la gran persona que sos. Y si yo puedo decirte que sos una gran persona, no dudo que quienes te conocen más aún, pueden asegurarlo. Aquellos que tengan como propósito en la vida ser sólo una molestia, se pierden la posibilidad de conocerte, posibilidad que de algún modo me has dado y no es justo desperdiciar.

Mientras sigas adelante con tu franqueza, la mirada firme y no borres tu sonrisa, verás que el camino se va dibujando solo. A veces la vida se toma su tiempo. Son sólo momentos útiles para reflexionar.

Pero quiero que sepas algo: No hay derecho a que te lastimes, no hay derecho a que te lastimen. Quien disfruta viéndote sufrir, no merece nada tuyo. No te sobreexpongas. Sos muy transparante, te lo he dicho. Quedás expuesta a que te lastime quien quiera.

Pero eso no es problema, porque las cosas que uno mismo puede cambiar, tienen solución. Lo importante es creer en uno. Y yo, por lo menos yo, creo en vos.

No pierdas la calma. Pero mucho menos, pierdas la sonrisa.

“En medio de la tormenta constante, tarde o temprano asoman días cálidos. Es ese el momento en que debés recordar cuan duro fue pasar los días grises, para no equivocarte y volver a vivir lo mismo. La memoria, es, de algún modo, la escencia del aprendizaje.”

Imposición de felicidad

Me cuestioné muchas veces el porqué. Quise saber todas y cada una de las razones que me obligan a ser feliz. Veo que la felicidad se manifiesta de diferentes formas. A su análisis voy a dedicar parte de mi tiempo.

El concepto de felicidad como idea surge de haberme planteado –y notar que no soy el único- al estado de felicidad como imposición. Es una idea impuesta. ”Necesito ser feliz” sería una frase ejemplo de ello. ”¿Qué es lo que nos hace felices?” “¿Ser más?” “¿Sentir que hay gente que es menos?” Es un concepto cuasi egoísta en el cual, encontramos en primer posición a nuestros ideales. Dejamos de lado todo lo demás y marcamos el camino con nuestra propia idea. Nos imponemos la idea de ser felices y hacia allí vamos. “¿Por qué?”
Estoy prácticamente convencido que, mucha gente, respondería que su objetivo en la vida es ”ser feliz”. Yo no me siento muy ajeno a ello, pero, a diferencia, se qué es lo que busco. Mientras tanto, descarto todo lo que no me interesa. Tengo la fortuna de no hacer nada que no me interese y, eso, con los tiempos que corren, es un paso cercano al estado de felicidad. He escuchado -hasta hartarme- que la gente busca ”la felicidad plena” o ”plenitud en su felicidad”. Yo, por no contradecir mi estilo, digamos, no soy así. Tomo de cada cosa que me gusta, lo que mas me gusta y, de aquellas cosas que sólo generan desgano, elijo las que menos me gustan. Sirven de contraste. Es necesario tener objetivos a corto plazo, decisiones concretas y convicciones con una cuota de certeza para lograr diferenciar hacia dónde vamos y por qué.

JIM

En tiempo y forma

Discrepo contra la posibilidad de que algo –lo que fuere– sea imprescindible. Descreo de que algo sea necesario para llevar a cabo un proceso, una idea. Cuando digo “lo que fuere” también me refiero a personas. Nada ni nadie es menester. Para nada. Llevo 25 años averiguando quién soy y todos los días encuentro respuestas a ello. Cada respuesta, un día más nueva que la anterior. Y más certera, más concreta. ¿Estaré aprendiendo cual es mi objetivo? ¿Será eso? Realmente, no lo se.

Hace un tiempo ya que he tomado la determinación –como si se tratase de una doctrina– de vivir el momento…el famoso “día a día”

Esta -para mi- nueva forma de vida, me ha llevado a ganarme sonrisas y caras largas, en igual proporción. Hubo gente que no entendió que, “no es que no me interesa tu futuro, sólo tu presente” y se mostró molesta. Yo en cambio, fiel a mi estilo de ser persistente, sobre todo con mis propios objetivos, no tuve opción que mirar al frente. Y seguir. Siendo yo. Este nuevo yo.

Hablaba hace no mucho acerca de lo difícil que se torna tener 25 años hoy, al menos en mi país, y cuando todo, las cosas buenas, las cosas malas, son de tu propiedad. Es realmente complicado no sentirse desafortunado, al menos por unos instantes, si pensamos en nuestro futuro y porvenir.

Es por eso que situé entre mis objetivos primarios, disfrutar, sólo esto que hago en este preciso instante.

“Hoy disfruto de transmitir mis ideas. Disfrutaré de tu sonrisa, cuando sea tiempo.”

JIM

¿Es posible querer tu patria?

Observe. Mucho. Dedique una cantidad de tiempo importante, sólo en observar la conducta de la gente. Y muchas veces me sorprendió la realidad.

Vivir en Argentina no es tarea sencilla. Tampoco es imposible. La gente lleva una cuota de egoimso que asusta. La palabra prójimo suena a ficción a oidos de cualquiera de nosotros. “¿Se están perdiendo los valores?” se debatía tiempo atrás. Yo me preguntaría hoy: “¿Cuales son los valores?” “¿No se han perdido ya?” Recuerdo –sólo por citar un ejemplo– cuando comencé a fumar. Tenía poco menos de 16 años. Fumar, para mi como para la mayoría de los chicos de mi edad en aquel momento, era una actitud cuasi ofensiva hacia los mayores. Nosotros, mis amigos y yo, solíamos merodear por un club de barrio, el Río del sud, cuya principal actividad “deportiva” era jugar a las cartas. Siempre sentimos respetos por esta gente –en su gran mayoría gente mayor de edad– y, era imposible vernos fumar frente a ellos, personas poco conocidas por nosotros pero, llevaban implícita una cuota de respeto que era menester cumplir. No podíamos darnos el lujo de ofenderlos de esa forma. Mucho menos, pensar en hacerlo.
Hoy los tiempos cambiaron. Muchísimo. Es claro que, como en todo cambio, existan resultados favorables y otros no tanto, incluso contraproducentes. Volviendo a los comienzos, en donde les decía que he dedicado mucho tiempo a observar, he notado que a medida que el tiempo pasa, la sociedad involuciona. Sólo nos preocupamos por nosotros, pero, a veces, porque nadie se ocupa de lo nuestro. Desconfianza. Rencor. Egoismo. Traición. Es moneda corriente de un día en Buenos Aires. He visto el proceso de transformación de las personas. No hace diez años siquiera y las cosas eran distintas. Muy distintas.

Se dice que, con el paso del tiempo, la evolución y el crecimiento de las personas, es natural que uno haga una suerte de comparación de momentos. Tratar de equiparar en una misma balanza aquellos años y estos días. Quizás es cierto. Yo no hablo de pasados mejores o futuros peores. Hablo de lo que veo. No puedo –no debería– aseverar que, con el tiempo, el individualismo será quien rija nuestras conductas en la vida. Pero, como decía, no debería…pero pienso que es así.

¿Cuán profundo piensas lastimar tus sueños, Argentina? ¿Por qué olvidas las lágrimas de nuestros abuelos? He nacido en esta maravillosa tierra y conocí las personas más bellas también aquí. ¿Qué nos pasa como pueblo? ¿Qué nos desune?

Pese a todo, me quedo a tu lado, el optimismo y mis ganas de superar las trabas que la sociedad me impone, no me dan miedo a crecer y, con orgullo, decir que soy Argentino

JIM

Desarraigo

Desarraigo…esa extraña sensación de dolor que sentimos al ver lo que nos fue propio y hoy nos resulta extráñamente ajeno.
Cada uno de nosotros, por el motivo que fuere y, en cualquier instancia de su pasaje por la vida, sufrió o ha de sufrir por un desarraigo. Si bien el desarraigo es una palabra que, en primer instancia nos hace pensar en la lejanía física, la distancia que nos separa de un lugar al cual nos unen sentimientos, podemso hablar del desarraigo usando distintos puntos de vista. El desarraigo espiritual, moral, físico, amoroso, emocional, de pertenencia, de ubicación…entre otros tipos.
Es el desarraigo espiritual, aquel que, sin dudas, hace que nuestro pasar sea insulso. Todos tenemos algo en lo que creer, un lazo espiritual nos une a ello. Cuando sentimos que el espíritu nuestro pone en duda nuestros actos, estmamos en presencia de un caso de desarraigo espiritual. Soy de aquellos que creen que debemos creer en algo. Creo que todo acto carente de espíritu, nos priva de disfrutarlo. En el caso del desarraigo moral, se da el caso en que uno descree por completo hasta de uno mismo. Se siente distante y distinto. No se reconoce. No hay una relación de pertenencia entre uno y uno mismo (aunque suene poco claro). La falta de moral es uno de los casos de indulgencia intelectual más penosos que conozco. ¿Cómo encarar nuestra vida si no tenemos parámetros para distinguir qué cosas queremos…qué cosas no?
El desarraigo, en sí, es esa étapa o situación que nos hace sentir que ese todo tan nuestro se ha perdido, no nos pertenece en absoluto y sólo nos llena de penas y angustias.
Cuando niño, sufrí el desarraigo como una triste experiencia personal. Me crié en Río Tercero, Córdoba, Argentina, desde los 3 años de edad. Poco antes de cumplir 13 años, regresé a mi Buenos Aires natal, dejando allá años de sentimientos, abrazos pendientes, amistades tristes y lágrimas recurrentes. Nunca olvidaré el momento que crucé la señal que citaba “Gracias por visitar Río III. Tenga ud. un buen viaje” En mi caso fue un viaje sin retorno. Mis sueños allá se vieron obligados a desaparecer pese a mi negación por ello. Empezar una nueva vida con tan sólo 12 años no es facil. Muchos quizás digan lo mismo. Yo no sólo lo digo. Lo sé.
Sentirse ajeno a lo que queremos es la señal de que un nuevo duelo ha comenzado. ¿Por qué? Quién sabe…el tiempo –quizás– sepa explicarnos el porqué.

“Dejé entre mi almohada muchos sueños por la mitad. Al abrir los ojos, el paisaje no era el mismo. Sus voces eran difusos y mi sonrisa, parecía no formar parte de mi equipaje. Tuve la voluntad de no dejarme vencer por mi y así lo hice. Siento que te tuve por siempre…siento el dolor de aquel día”

JIM

¿Por qué esperar un día más?

Leí en tus lineas que sufriste. Noté tu angustia.

Sólo me limite a convertir tu angustia en música.

Es parte de lo que me gusta hacer.

“El tiempo seguirá siendo quien cambie malos momentos por sonrisas. Sólo él tiene ese poder. De nosotros depende cuánto tiempo pasará desde un estado a otro”

JIM

La tecnología aplicada a la evolución

Este post, quizás sea el que menos se relacione con todo el blog en sí, pero, no por eso, voy a dejar de escribir. En fin. Ayer venía hacia la oficina, como todos los días. Escuchando música. Escuchaba a Toquinho. Y de repente, me dije “esto es demasiado”. Resulta que yo venia escuchando en mi celular, un DVD rippeado a audio y…me puse a pensar, todo lo que tuvo que pasar para que yo pueda estar escuchando eso en ese momento y dije, esta vez en voz alta “la tecnología se fue a la mierda…” Planteé como llegó todo eso a mi oido y, por tal, tuve que comenzar desde el principio.

Imagino a Toquinho de chico, insistiendo a su padre que le compre una guitarra –esto es solo una suposición– Al existir ya los Luthiers, Toquinho pudo hacerse de un instrumento que se fabricaba ya masivamente. Sin dudas, estudió música. Cada partitura impresa en papel. Ahí tenemos la aparición de la imprenta y las plantas papeleras. Supongo que habrá escrito miles de letras –o muchas al menos– con algún bolígrafo. Otro invento más. Toquinho crece, se consolida como músico y tiene la posibilidad de grabar sus discos. La tecnología le permite plasmar en un medio como el LP o Disco de Vinilo, sus momentos con la guitarra. El tiempo –como siempre– sigue pasando y los –hoy viejosVHS’s, se ven desplazados –casi abrúptamente– del mercado por los más modernos reproductores de DVD’s. Si existen los DVD’s, existen, indefectiblemente, las copiadoras de DVD’s. Toquinho, y sus compañeros en la música, graban Toquinho é convidados. Un DVD increible, repasando la carrera del gran músico de Brasil. Salgo una noche a Killkenny’s y conozco una chica Brasilera. Vuelva a su país, yo me quedo en el mío y –usando una pc, con internet, claro– a través del mensajero MSN, mantuvimos contacto por un tiempo hablando portunhol. Ella me invita a formar parte de Orkut.com Me registro. Prácticamente sin saber que era. Es una red de “amigos”. Por medio de Orkut.com, conozco un chico de Belo Horizonte. El encuentra a un “pirata”, que le vende una copia –ilegal– de Toquinho e convidados. Pocos días después, el DVD se encuentra en mis manos. En mi copiadora de DVD’s le hago un ripp y lo paso a formato audio. Ese audio, lo grabo en formato .mp3 en un CD y lo llevo a mi otra PC, que se lleva mejor con los puertos USB que la anterior que nombre. Por medio de un cable de transmisión por USB, transfiero la música al Memory Stick Pro Duo de mi teléfono celular, que puede almacenar unas 150 canciones aproximadamente.
Y hoy, salgo a la calle y Toquinho canta Aquarela en mis oidos.

¿No es demasiado?

“Yo tuve la suerte de conocer las dos caras. La pc con internet y el potrero con pelota de cuero. Me asustan las generaciones que solo se quedan con la primer parte.”

JIM

Un montón de preguntas sin respuesta…

“¿Qué distancia existe entre la felicidad y la nada? ¿En qué unidad se miden los sentimientos? ¿Qué tiempo dura vivo un recuerdo? ¿Cuánto se puede querer? ¿Cuánto hace falta para querer y sentirse querido?”

Todos estos sentimientos abstractos, o, mejor dicho, intangibles, se cruzaron por mi cabeza en ese momento que hablé con vos. Me reformulé esa pregunta que hice tantas veces: “¿Por qué la vida se ensaña tanto en demostrarnos el valor que tiene, justamente, vivir?” Pasa seguido. Duele. ¿Será que insiste de esa forma hasta que aprendamos que esto es un instante? Recuerdo haber dicho anoche que esto, la vida, es como “una gran bolsa llena de cosas, en la que metés la mano y a veces tenes suerte, a veces no, pero sacás cualquier cosa de ahí”. Me pasa. Nos pasa. Todo el tiempo creemos conocer qué sigue. Muchas veces caminamos tranquilos, como si el mundo, este espacio mágicamente extraño que compartimos nos perteneciere. ¿Qué distancia existe entre la felicidad y la nada? No podemos –no puedo, al menos– encontrar límites que acoten un sentimiento. El que fuera. No se es más ni menos feliz. No se quiere mucho o poco. Se es feliz o no. Se quiere o no. Es así. Los grises no conducen a ningún camino, no a los que me gustan al menos. ¿Qué necesidad de recibir un golpe para reaccionar? No se ni porqué ni cómo, pero la vida se encarga de mostrarte todo, todo el tiempo. Algunos lo miran, pero pocos lo ven. Se aprende de los errores. Sí. Pero, ¿tan caro resulta el precio? ¿Por qué?

No soy de formular ni formularme muchas preguntas cuando escribo, pero las dudas constantes, generalmente, me dejan ayuno de respuesta.

Cerraste los ojos y soñaste despertar a su lado. Con vos no hay nadie solo un recuerdo. Los recuerdos tienen la particularidad de durar por siempre, mientras quieras, estarán en vos. Tomá las cosas como aprendizaje. Aprendamos a vivir.

JIM

La envidia

¿Quién, alguna vez y por lo que fuere, no sintió envidia?
Creo que es muy poca la gente que carece de este sentimiento. Yo soy uno de ellos.
Siempre desde chico, en mi casa me enseñaron muchas cosas; muchas las aprendí copiando ejemplos. Muchas otras, en cambio, las aprendí no copiando ejemplos.
La envidia, es uno de los sentimientos que más rechazo me genera. No hay peor cara que la que nos muestra una persona envidiosa mientras le comentamos algún logro nuestro, el que fuere. Soy partidario de que no existe la envidia sana. La envidia es envidia y punto.
Claro que uno puede envidiar desde distintas posturas. Esta la persona que va a desearte que te pase lo peor, por el simple hecho de tener algo (lo que fuere) que él no. Están los que esbozarán una sonrisa falsa de alegría. Están quienes restaran valor a tus logros. Pero, para que todos “ellos” estén, es necesario que estés vos ¿no? Yo estoy convencido que si.

Recuerdo que, cuando era más chico, “perdí” a uno de mis mejores amigos. El vivía criticando todo de todos, menosprenciando a todos por todo. Un día noté que esa relación de amistad no me daba ningún fruto. Nunca más hablé con él.
Creo que en este tiempo que llamamos vida, debemos aprender, cada día, a diferenciar quiénes y porqué se merecen conocer nuestros logros. Es cierto que uno muchas veces confía de más. Y muchas veces, justamente por ello, termina defraudándose.
Quizás con todo esto no llegue a ningún punto, pero, seguramente, no voy a caer dos veces en la misma situación, no con la misma gente.
Por tanto, propongo compartir nuestros logros, principalmente con uno mismo, con los allegados y que la gente se de el lujo de gastar dos minutos de su vida en envidiarme, no hará que me detenga en mi paso por la vida.


Tanto aprendí de mirarme que noté que mis ojos reflejaban sentimientos distintos. Tanto dolí por llorar, que ya no espero llorar por dolor. Tanto sentí tu mirada pesada sobre mi triunfo que decidí no compartirlo más. Tanto es lo que siento que tengo cuando sonríes, que no quiero que dejes de mirarme así

JIM

El exilio de la sabiduría

Muchas veces –realmente muchas– me puse a pensar “¿Dónde fue a parar la educación? ¿Qué fue de la sabiduría?” Tras pensarlo, llegue a la -triste- conclusión que la sabiduría, los conocimientos y las buenas costumbres, tal como en las épocas de represiones, se han exiliado. Y esta vez no buscaron asilo en ningún lado. Más que exiliarse, podría afirmar que se está extinguiendo. Los valores, esos que “hablan bien” de una persona son, hoy por hoy, escasos e imperceptibles. No por pecar de sobervio, pero es cada vez menos la gente en la cual encuentro ese don de querer aprender. De querer superarse. Los valores están, justamente, devaluados. La inteligencia y el esfuerzo por mejorar y querer aprender, parece ya no ser moneda corriente. Por contrario, parece ser una excepción, algo imperceptible en la mayoría de nosotros. Me pregunto porque, quienes deben asumir culpas de este ayuno vocacional, se preocupan por buscar culpables en lugar de respuestas. Y culpables de un problema social somos, justamente, todos los que formamos la sociedad. Ni vos ni yo, somos más o menos culpables por la falta de ética o moral en el resto. Somos responsables e irresponsables a la vez. Responsables, por no hacer nada por quien no puede hacerlo. Irresponsables, porque, así y todo, sabiendo la deserción de aprendizaje que nuestra sociedad sufre, nada hacemos por cambiarlo. Parece un problema estacionado. En un espacio y un lugar. Dentro de un contexto. Por contrario, es tal como una enfermedad. Sigilozamente se propaga, y crece, se masifica y se contagia. Sin dudas, terminará en un cúmulo de gente sin rumbo, sin ganas, sin preocupación. Y esto, hoy, recién empieza. Seamos concientes y tomemos conciencia. No es facil. No es imposible.

JIM

El valor de valorarse

Desayunando esta mañana, noté que había vuelto a encontrarme -de una forma tan cercana y poco frecuente- con la persona que más me necesitó durante los últimos años. Mientras me afeitaba y daba cuenta que los años habían hecho que mi cara tenga cada vez más cantidad de pelo -en igual proporción que mi cabeza de canas- noté que me estaba buscando. Que nunca lo había escuchado en este último tiempo. Que en este momento si algo necesitaba era de un reencuentro conmigo. Suena raro, si, lo sé. Pero es así. Hace tiempo ya que me tenía olvidado en algún lugar. No tengo perfil bajo, generalmente no. Así y todo, se que me perdí de mucho tiempo conmigo. Ese tiempo en el que te das cuenta de tantas cosas que te gustan -y esas tantas otras que te invaden de mal humor- Sentí que, tal como el dicho “no hay mal que por bien no venga” comenta, algo así había pasado en mi vida. De la misma forma que los japoneses, según sus libros de administración, al mencionar el famoso “sistema Japonés”, dan cuenta de que significa la crisis para ellos, de esa forma, si, afronté la crisis. Los japoneses, usan ideogramas para escribir (Esos “dibujitos” raros que siempre parece que significaran “Tintorería”, “Tenedor libre”, o algo por el estilo) Ellos, claramente “dibujan” con sus ideogramas, la crisis de la siguiente manera: Se trata de un ideograma sobre otro. En conjunto y diagramados de esta manera, representan la crisis. En cambio, si vemos a cada uno de ellos por separado tenemos un ideograma, el que esta sobre el otro, que representa cambios. El otro, el que está debajo, oportunidades. Ellos aclaran que, toda crisis, sin excepción, se trata de un cambio, lleno de oportunidades. Claro que los cambios pueden ser abruptos y las oportunidades a mediano-largo plazo. Pero cambio y oportunidades al fin. Siento que mi “crisis” lleva consigo mucho de ello. Los cambios fueron notorios. Mi vida no sigue su mismo curso desde el último día de Julio pasado. Así y todo, tuve la virtud (¿suerte?) de encontrar muchas oportunidades dentro de los cambios. Noté que, sin dudas, la persona que más quiero y más me necesita en este momento soy yo. Y es imposible llevar todo lo que hago si no estoy bien conmigo. Nunca me di cuenta de cuanto me había abandonado. Hoy, dolido por eso, pero sin cargar una mochila llena de culpas, vuelvo a mirarme al espejo y sonreir. Más de cuatro años después, puedo decir que he vuelto a ser yo, ese yo que tanto quiero y tanto me gusta. Mucho de todo esto se lo debo a mis amigos, gran parte es mérito propio, y, una tercera parte, es de esa gente que uno ni conoce pero nos hace preguntar ¿que raro todo, no? ¿ni me conocés y te ocupás de mi, te interesa saber cómo estoy? Sin dudas a todos ellos quiero decirles gracias. Muchísimas gracias. Sin dudas, lo que más valoré de estos últimos tiempos fue a mis amigos. Siempre me jacté de decir que mis amigos eran “muy buenos amigos”. En este tiempo me di cuenta de dos cosas más: No solo que yo pienso que son buenos amigos, sino que lo son y que, ademas, el calificativo de “muy buenos” les queda chico. Sin dudas, son esas personitas tan lindas por las cual yo también daría todo, como lo hacen por mi. De corazón gracias y, para todos los que me recuerdan como antes, quiero que sepan que volví, un poco más viejo, un poco más (si, mas) alto, quizás hasta un poco (bastante) más responsable. Pero estoy. Y voy a estar siempre. La idea es seguir para adelante, que la vida no termina y esta lleno de gente esperando a conocerme, como yo estoy esperando encontrar algún día a la persona que me está esperando….pero más tarde, primero necesito encontrarme a mi. No se bien que será mañana. Solo se que hoy es lindo. Y me costó (y mucho) llegar hasta acá. Pero no vuelvo a dar un paso atrás.

JIM