Nuestro Espejo

Un pequeño reflejo de todo lo que vivo

Etiqueta: Eduardo Galeano

Recomendación

Nuévamente, les recomiendo leer a Eduardo Galeano. Esta vez se trata de Espejos . Una historia casi Universal, su último libro.

espejos

Este libro ha sido escrito para que no se vayan.

En estas páginas se unen el pasado y el presente.

Renacen los muertos, los anónimos tienen nombre: los hombres que alzaron los palacios y los templos de sus amos; las mujeres, ignoradas por quienes ignoran lo que temen; el sur y el oriente del mundo, despreciados por quienes desprecian lo que ignoran; los muchos mundos que el mundo contiene y esconde; los pensadores y los sentidores; los curiosos condenados por prengutar, y los rebeldes y los perdedores y los locos lindos que han sido y son la sal de la tierra.

Eduardo Galeano

Celebración de la voz humana [2] – Eduardo Galeano

Esta semana, por recomendación, empecé a leer El libro de los abrazos, del Uruguayo Eduardo Galeano. Y, por ahora, no sólo no me decepcionó, sino que me está gustando, y mucho.

Acá va un fragmento, que el autor titula Celebración de la voz humana [2]

Celebración de la voz humana /2

Tenían las manos atadas, o esposadas, y sin embargo los dedos danzaban. Los presos estaban encapuchados: pero inclinándose alcanzaban a ver algo, alguito, por abajo. Aunque hablar, estaba prohibido, ellos conversaban con las manos.

Pinio Ungerfeld, me enseñó el alfabeto de los dedos, que en prisión aprendió sin profesor:

-Algunos teníamos mala letra –me dijo– otros eran unos artistas de la caligrafía.

La dictadura uruguaya quería que cada uno fuera nada más que uno, que cada uno fuera nadie; en cárceles y cuarteles y en todo el país, la comunicación era delito.

Algunos presos pasaron más de diez años enterrados en solitarios calabozos del tamaño de un ataúd, sin escuchar más voces que el estrépito de las rejas o los pasos de las botas por los corredores. Fernández Huidobro y Mauricio Rosencof, condenados a esa soledad, se salvaron porque pudieron hablarse, con golpecitos a través de la pared.

Así se contaban sueños y recuerdos, amores y desamores: discutían, se abrazaban, se peleaban; compartían certezas y bellezas y también compartían dudas y culpas y preguntas de esas que no tienen respuestas.

Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada.

Eduardo Galeano
El libro de los abrazos

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