No merecés menos…

Habías tenido la sutileza de convertirte en una mujer admirable hace tiempo. Hoy, además, le ponés títulos formales a los que ya traés con vos, desde siempre. Sos un ejemplo.

Me acuerdo –mucho– cuando hablamos, después de algunos años sin saber cómo habían sido nuestras primaveras…y sin embargo, y pese a todo, ahí estabas, siendo fuerte en el momento en que debías ser fuerte. Tenés un espíritu envidiable, en el mejor de los sentidos. Sos una de las personas más lindas que conocí en mis últimos 10 años, y no es poco lo que digo.

¿Te acordás? Éramos ambos menores…no sabíamos de qué trataba la vida –bueno, quizás hoy tampoco– y de repente, como si nada, das el gran paso y te recibís… Si supieras las ganas que tengo de darte un abrazo…

Licenciada, te pienso y me sonrío. Me hace bien saber que sos feliz. Porque cada tanto la felicidad tiene que estar del lado de quien lo merece. Y no tengo duda alguna que sos esa clase de gente.