Escenas de un día gris

La primer escena, transcurre a mis 12 años, en la parte de atrás del auto de mi viejo. Estamos mis hermanas y yo mirando cómo se aleja el paisaje por la luneta del coche. Voy viendo, por última vez, el pasado de mi presente actual. Me alejo paso a paso del lugar en el que sentí tantas veces ser feliz. Inménsamente feliz.

Yo tengo 12 años, dejo la ciudad en la cual me crié y vuelvo a mi Buenos Aires natal.

La segunda escena, transcurre en Buenos Aires, ya. Tengo casi 13 años ya, no me interesa tener amigos. Dedico todo mi tiempo a estudiar.

Con el paso del tiempo, me acostumbré a un Río Tercero lejano. Sin embargo, hacia la tercer escena, siento más dudas que nunca en mi vida.

Tercer escena: Tengo 17 años, me gusta salir por las noches de sábado a tomar alcohol, fumo tabaco y me crece el pelo largo. No me parezco en nada al hombre que proyectó el niño que fui años atrás. Entiendo que estoy haciendo algo mal. Y no sé qué es. 

Nudo: Tengo 24 años, ganas de dejar de estudiar por vez mil, la barba crecida, algunas guitarras colgadas en mi cuarto y la familia disociada. Ya casi no me acuerdo de la cara del nene que miraba el cartel de ‘buen viaje’. Sin embargo, mirar hacia adelante, me resulta aún más dificil que recordar aquel pasado.

En el desenlace estoy sentado en mi cuarto, cansado, pesado e ilusionado. Tengo 27 años ya, y soy la mezcla más perversa y perfecta que pude haber logrado con cada uno de los ingredientes con los que me han preparado. Y a diferencia de la tercer escena, esta vez, estoy llegando del pasado al futuro, con el ánimo intacto, como para enfrentarlo…o ponerme de su lado.

Fin.

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